Sociedad

“Es como si me hubiesen arrancado un pedazo de mí”

Crece la atención psicológica por la pérdida de animales de compañía

LleidaTrini Porta, una vecina de 52 años de Montoliu de Segarra, vive sola con un perro y dos gatos. El pasado mes de enero perdió repentinamente el Cupi, un potente que adoptó de la perrera de Cervera hace diez años. Una enfermedad hepática irreversible le obligó a sacrificarlo para evitar más sufrimientos. El vacío que le ha dejado todavía está vivo. No tiene ningún pudor en comparar esta pérdida con la de una persona. "A mí me ha ido un miembro de mi familia y eso mucha gente no lo entiende", admite Porta.

Ella es una de las pacientes de uno de los únicos centros de salud mental de Lleida que ofrece ayuda psicológica específica para gestionar el duelo por los animales de compañía. Según Judith López, una de las pocas profesionales que se encargan de esa atención psicológica específica, la pérdida de una mascota no tiene ninguna diferencia neurológica con la de una persona querida. "El dolor llega por una pérdida de una conexión emocional", explica López. "Nace la necesidad de hacer algo que regule ese dolor y, si no se resuelve, el sistema nervioso queda bloqueado y, con el tiempo, se transforma en un estrés postraumático", concluye López.

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"Con los pocos días que hace que perdí a mi perro, tengo aquí en el pecho algo que es como si me hubieran arrancado un pedazo de mí –confiesa Porta–, es un sentimiento superfuerte". Se da la circunstancia de que Trini Porta es también veterinaria, una actividad que precisamente presenta un riesgo de suicidio cuatro veces superior a la media de la población, según advierte la Fundación Galatea (entidad creada en 2001 por el Consejo de Colegios de Médicos de Cataluña para velar por el bienestar de los sanitarios). "Debemos poner sobre la mesa la importancia de la educación en la muerte", reclama Judith López que considera necesaria la incorporación de este tema a las escuelas. "La vida tiene reglas de juego muy básicas que tampoco nos enseñan y una es que en el momento en que nace una vida, por defecto, habrá una muerte", concluye la psicóloga.

Uno de los recursos que tiene Trini Porta para gestionar su dolor es hablar abiertamente de la muerte del Cupi. Pero ella reconoce que no puede hacerlo con todo el mundo. "A pesar de todo, la gente empieza a perder el miedo a hablar de ello", añade su psicóloga. El duelo para el animal es difícil de gestionar porque muchos no lo reconocen (incluida la administración) e, incluso, los propios afectados no son conscientes de ello. "El sufrimiento y el estrés que llevamos dentro hacen que se eleven los niveles de cortisol en sangre y esto produce consecuencias tanto físicas como psicológicas", relata Judith López, quien advierte de que estos primeros síntomas orgánicos suelen aparecer antes de un cuadro grave de depresión. "La muerte de un perro debe afrontarse como cualquier otra pérdida", defiende López.

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En cualquier caso, la presencia de una consulta especializada en este duelo en Lleida demuestra una demanda cada vez más creciente. No en vano, la sociedad catalana está viviendo un punto de inflexión demográfico. Según datos del Idescat, en 2024 nacieron 53.793 bebés, mientras que el censo de animales de compañía registró 109.755 inscripciones. En este sentido, cabe destacar que buena parte de los propietarios de perros y gatos son personas vulnerables (personas mayores o con alguna discapacidad) o simplemente viven solas y necesitan compañía. En todos estos casos, el dolor por la pérdida del animal se agudiza.