Curaciones

Mujeres que no hacen vacaciones

En las comarcas de Lleida hay más de once mil cuidadoras no profesionales, la mayoría mujeres con una edad media de 62 años

Noemí Vilaseca
01/09/2026 - 00:59 h.

SolsonaNo hacen vacaciones ni en agosto. Son las cuidadoras familiares, mayoritariamente mujeres, una figura tan imprescindible como invisible sobre la cual se sustenta buena parte del sistema de cuidados. En las comarcas de Lleida, la Generalitat tiene registradas 11.092 personas cuidadoras no profesionales –en el ámbito rural son 2.934–, el 64,2% de las cuales son mujeres con una edad media de 62 años.

Meravelles Gonzàlez, de Lladurs (Solsonès), hace ocho años y medio que cuida a su marido, el Manel, desde que sufrió un ictus que lo dejó con una dependencia grave, y actualmente convive con microembolias y un inicio de demencia vascular. Entretanto, ella misma ha pasado por tres bypass coronarios y tiene problemas de visión. Y, a pesar de todo, es cuidadora 24/7; su día a día transcurre alrededor de las necesidades de su compañero de vida. "La carga física ha disminuido respecto a los primeros años, pero no el agotamiento mental", reconoce. El Manel puede despertarla continuamente durante la noche cuando le sobreviene una duda y se irrita siempre porque no admite sus limitaciones.

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En el campo, por otro lado, cuidar tiene un coste añadido: la situación geográfica encarece una atención ya de por sí difícil de garantizar. Meravelles cobra la prestación máxima por dependencia (grado III), que en su caso son 400 euros. Decidió asumir el cuidado principal porque contratarla externamente le haría perder cada día una hora en desplazamientos. El respiro, en contextos como el suyo, no es un capricho, sino una necesidad. Dispone de algunas horas para ella dos días a la semana –contando sus visitas al médico y el tiempo dedicado a la compra–, gracias a una persona que ha contratado.

Es precisamente este espacio de respiro el que, entre otros servicios, facilita La Sempreviva, una cooperativa de cuidados con sede en Bellpuig que opera en cinco comarcas leridanas. La entidad atiende a cerca de 40 usuarios con 14 trabajadoras y se adapta a cada familia. "Nuestra estructura no es rígida, porque ponemos en valor el trato humano, la proximidad y la capacidad de ofrecer respuestas personalizadas", explica su responsable, Lluïsa Puig. La cooperativa constata que, cuando una familia pide ayuda, a menudo es una mujer quien da el primer paso. El respiro puede significar cubrir unas horas para que una cuidadora pueda descansar o continuar trabajando. Según Núria Clavé, psicóloga y neuropsicóloga de La Sempreviva, el agotamiento es habitual entre las cuidadoras familiares. "La ansiedad, el nerviosismo, la inquietud y la angustia aparecen sobre todo cuando sienten que no llegan a todo y necesitan conciliar los cuidados con el resto de su vida".

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Una vecina de Tàrrega que nos pide mantener el anonimato también cuida a su marido desde que sufrió un grave accidente laboral hace 40 años. Ella ya no puede asumir todos los cuidados diarios que él requiere, motivo por el cual entre semana recibe el apoyo de la Associació Alba y los fines de semana, de La Sempreviva. Pero eso no significa dejar de cuidar: "Estoy aquí las veinticuatro horas del día". "No puedo hacer escapadas y no puedo ponerme enferma", sentencia quien ha asumido el rol de cargar siempre con los neulers. Con todo, no se libra del desgaste psicológico: "Tengo muchas temporadas de decaimiento en las que no me levantaría ni de la cama y solo tengo ganas de llorar, pero después siempre viene la remontada. La vida es así, no puedes hacer nada al respecto". Usuarias como ella celebran poder disponer de servicios como los de la cooperativa de Bellpuig, "muy difíciles de encontrar una década atrás".

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Marina Vilaseca es fundadora de la cooperativa de trabajo L’Arada e impulsora de la asociación de cuidados y salud comunitaria Linària, creada en 2023 por tres familias del Baix Solsonès y que actualmente acompaña a ocho familias a partir de la autogestión. "La función más básica del sistema de bienestar es proteger las situaciones más vulnerables, y esta lo es", remarca. Mediante copago, esta entidad ofrece servicios de salud a domicilio, apoyo práctico y familiar y actividades comunitarias para mejorar la calidad de vida de las personas en situación de larga dependencia y su entorno familiar, especialmente en los micropolobles del sur de la comarca.

Muy crítica con la falta de imaginación de los ayuntamientos para ponerle remedio, Vilaseca alerta de que en el mundo rural la desigualdad no es solo económica. También es territorial: los profesionales tienen que desplazarse y cuesta encontrar personal cualificado dispuesto a llegar a masías y pueblos pequeños. "Un sistema tan frágil de protección se agrava mucho más en un territorio disperso, sin transporte público, con un elevado coste temporal y económico de una movilidad altamente obligada por temas sanitarios".

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Por eso hay que dejar de considerar los cuidados un asunto privado en un estado del bienestar esencialmente familiarista. "¡La familia no debería aguantarlo todo!", denuncia la Marina. Y pone el foco en una realidad que afecta a los pueblos: "El principal motivo de éxodo es la falta de servicios para las personas mayores; el primer colectivo que se marcha es este". Los cuidados sostienen las casas, pero también los pueblos. Y mientras no se reconozca que son un derecho y no un lujo, muchas mujeres continuarán trabajando cada día del año sin nómina, sin vacaciones y a menudo sin que nadie vea todo lo que hacen.