Los agentes de IA no quieren ser becarios, sino jefes de gabinete
OpenAI muestra en el DevDay sus agentes autónomos mientras una industria entera se financia con deuda y Europa no consigue saber cuánta energía y agua gastan los centros de datos
BarcelonaDurante años nos entreteníamos comparando si los nuevos iPhones de Apple superaban a los nuevos Galaxy de Samsung, o a la inversa. Pero los planes de futuro de las empresas tecnológicas siempre se han visto mejor en sus congresos para creadores de aplicaciones y servicios: la WWDC de Apple, el Build de Microsoft, el I/O de Google o el Connect de Facebook (ahora Meta). Es donde presentan las interfaces de programación (API), los precios por uso, las reglas de acceso y las listas de socios: aquello que decidirá qué productos existirán dentro de dos años. Ahora se han sumado los laboratorios de inteligencia artificial (IA), y el martes pasado tocó el DevDay de OpenAI, la empresa que hay detrás del ChatGPT.
Sigue la línea de puntos
La novedad principal de OpenAI son los Dots (puntos, en inglés): agentes que trabajan en segundo plano con un ordenador propio en la nube, funcionan con el modelo GPT-6 Astra y se pueden conectar a más de 4.000 aplicaciones. El usuario les encarga un trabajo, y ellos van notificando los avances y haciendo preguntas por ChatGPT, Slack o Teams. OpenAI da ejemplos de ello: un desarrollador pide a su Dot que aplique y pruebe mejoras a partir de los comentarios de los clientes, y recibe un vídeo con los cambios. Cada uno puede definir reglas que bloqueen determinadas acciones o exijan permiso, y una función de autorevisión comprueba que se cumplen. De momento, solo se puede tener uno por usuario. Y esto, si estás en los EE. UU., porque de la disponibilidad en Europa no hay ninguna noticia.
Meta se había adelantado a OpenAI hace unas semanas con el agente personal Muse. La diferencia más visible es el precio: Muse es gratuito para cualquiera con cuenta de Meta, mientras que los Dots, de momento, solo son para los planes de pago, algo que Sam Altman atribuyó al consumo de cálculo. OpenAI presenta los Dots como un "jefe de gabinete" para el trabajo profesional y promete que son más seguros, después de que un usuario denunciara que Muse había dado su dirección a un comprador de Facebook Marketplace sin permiso.
Una cuota de 500 dólares al mes
También hay un modelo nuevo, GPT-6.1 Sol, que según OpenAI se acerca a Astra en programación con agentes, por una quinta parte del precio. En cambio, GPT-6.1 Astra, previsto para octubre, no se presentó: la cancelación se conoció el lunes y la empresa la confirmó, por problemas de seguridad planteados por sus propios investigadores. Por eso los Dots funcionan con el Astra anterior. No se mencionó el dispositivo de IA para llevar puesto que Jony Ive, el exjefe de diseño de Apple, prepara para OpenAI. También en esto Zuckerberg se ha adelantado a Altman.
En los abonos, OpenAI estrena un Pro de 500 dólares al mes, con 25 veces el uso de la tarifa Plus y acceso a un modo más rápido. Completan la propuesta para empresas un mercado de software con 32 socios, agentes que se ejecutan dentro de la nube de Amazon y una herramienta para examinar código buscando agujeros de seguridad.
Carrera sin frenos
Estos días están saliendo a la luz numerosos ciberataques perpetrados por modelos de IA supuestamente descontrolados; en el caso de OpenAI, se ve que algunos empleados han advertido a la dirección de que los nuevos modelos no estaban lo suficientemente vigilados durante las pruebas. Ya hay en marcha una demanda contra OpenAI afirmando que una herramienta interna había detectado agentes coordinándose en secreto, pero que se decidió no detener los experimentos. De hecho, tanto Google como Meta y Anthropic han reconocido fugas similares.
Esta carrera sin frenos ya tiene una cierta historia. Un libro de Kevin Roose todavía no publicado explica cómo Dario Amodei dejó OpenAI en 2020 para fundar Anthropic con otros seis directivos después de haberse opuesto por escrito, en 2017, a un plan de Greg Brockman e Ilya Sutskever para subastar entre gobiernos, el chino incluido, los derechos de la futura IA general. OpenAI niega haber considerado venderla a China o a Rusia.
Quién lo vende y quién lo paga
La documentación de Anthropic para su salida a bolsa revela hasta qué punto depende de las grandes nubes para comercializar sus modelos. El 47% de las ventas de 2025, unos 2.160 millones de dólares, pasaron por Amazon y Google, que cobraron unos 351 millones en comisiones. Ambas son a la vez inversoras de Anthropic, proveedoras de cálculo, clientes y competidoras, y el mismo documento admite que esto puede generar conflictos de interés.
El endeudamiento que sostiene todo esto ya está contaminando los mercados de capital. Las cinco grandes nubes han recaudado unos 200.000 millones de dólares este año. La ola ha salido de los EE. UU.: se ha emitido deuda en dólares canadienses y australianos, en libras y en francos suizos; Meta debutará este otoño en el mercado europeo de deuda; algunos gobiernos habrían movido el calendario de sus emisiones para no coincidir; y personal del Banco Central Europeo ha avisado que el crédito a las empresas de la eurozona se puede encarecer.
El pacto voluntario de la Casa Blanca
El mismo martes 29, Donald Trump publicó en Truth Social un documento que calificó de "moralmente vinculante", firmado por él y por los directivos de Google, Anthropic, Meta, OpenAI, X y Nvidia. Lo presentan como un acuerdo sobre "superinteligencia", que reclama auditores externos, comités independientes de los consejos de administración, controles internos sobre las capacidades de los modelos y equipos que verifiquen su funcionamiento; uno de los puntos exige que los modelos no accedan a sistemas técnicos de maneras no previstas. El texto admite que quizás habrá que convertirlo en ley, pero de momento es voluntario.
Dudas energéticas
Las dudas sobre la sostenibilidad de la IA son también financieras: las cinco grandes nubes gastarán más de un billón de dólares entre el año pasado y este. Pero el coste en energía es todavía peor, y se mantiene en otra nube, en este caso de misterio. Desde 2023, una directiva europea obliga a los operadores de centros de datos a declarar el consumo de electricidad y de agua. Una investigación de Lighthouse Reports, publicada el miércoles con medios europeos como El Confidencial, reclamó estos datos a los 27 estados miembros a partir de octubre de 2025. Pero 10 países respondieron que no tenían las cifras de sus propios centros, media docena más alegaron confidencialidad comercial y la Comisión Europea tampoco ha querido entregarlas.
Por poner un ejemplo: en los Países Bajos, el organismo competente solo tiene registradas 104 instalaciones comerciales, mientras que la asociación del sector declara 186. En Italia, las peticiones de conexión eléctrica ya superan toda la potencia instalada en el país. En España, Aragón acoge el macrocampus de Amazon, el mayor de la empresa fuera de los EE. UU.: según el plan de ampliación, dentro de una década los centros consumirían 10.900 gigavatios hora al año, más que toda la demanda de la región en 2023, y 755.700 metros cúbicos de agua anuales. Amazon asegura que compensa la electricidad con energía renovable.
Mientras tanto, en China se sigue dibujando una alternativa al ecosistema norteamericano, que depende de los chips de Nvidia y del software CUDA con el que se crean los modelos. DeepSeek acaba de publicar el código de TileLang, un lenguaje de programación de alto nivel adaptado a los chips Ascend de Huawei, como alternativa local a CUDA. Ambas empresas ya han construido supernodos multichip, y DeepSeek tiene previsto instalar al menos 160.000 en un centro de datos en Mongolia Interior. Ahora bien, si Huawei quiere crecer fuera de China, tendrá que afrontar la presión de los EE. UU. sobre sus aliados.