Las apuestas más siniestras del turbocapitalismo

Emmanuel Fabian es un reporter de The Times of Israel que informó de la explosión de un misil en las afueras de Jerusalén. Nadie resultó herido, así que le extrañó que, en un solo día, recibiera dos comunicaciones instándole a rehacer la historia para que se dijera que lo que había impactado en aquel claro del bosque eran los fragmentos de un misil abatido por las defensas israelíes. Con la información que tenía disponible, consideró que su información era correcta: la explosión que se había producido solo se explicaba si el proyectil había estallado, no por la caída de los restos explosionados al aire. Siguieron más mensajes, de tono cada vez más inquietante, incluyendo amenazas de muerte, hasta que encontró la clave de por qué tanta gente se interesaba por aquel incidente en apariencia menor. Resulta que había 23 millones de dólares en juego: los que habían apostado en la web Polymarket a que aquel día Irán no conseguiría hacer explotar un misil en tierras israelíes.

Este portal se ha distanciado de estas prácticas, pero resulta la enésima iteración del turbocapitalismo digital en que las grandes plataformas se desentienden de los excesos que provocan sus usuarios con la escasa excusa de que ellas solo proporcionan los terrenos de juego. Hay indicios de que determinadas personas se han enriquecido con información privilegiada. Y hay quien teme que, cuando hay tanto dinero en juego, puede acabar influyendo en la política. No es descabellado pensar que alguien puede apretar el botón de lanzar una bomba si con ello gana una suculenta comisión porque hace ganar una fortuna a unos desaprensivos. Los deportistas comienzan a quejarse del efecto de estas plataformas y ahora, por lo visto, ya les está llegando el turno a los periodistas. La censura puede tomar muchas formas y la presión infame de los bros es una de las que mejor ilustra los tiempos presentes.