Sala 30
Periodista i crítica de televisió
2 min

El Canal 33 ha estrenado Sala 30, un programa cultural que conmemora los 30 años del Macba. Para celebrarlo, la serie aborda la efeméride desde la reflexión más que desde la fiesta o la reivindicación. Son ocho capítulos de cuarenta minutos que profundizan en diferentes ejes de trabajo de los procesos creativos: la forma y el fondo, la lucha, el concepto, el enigma, la mirada, el espacio, el cuerpo y la investigación. Cada programa invita a cuatro o cinco artistas relevantes que han pasado por el museo a mantener un diálogo sobre estas temáticas en un entorno rural y bucólico que contrasta con la blancura geométrica y urbana del edificio del Museu d’Art Contemporani de Barcelona: una masía y una mesa puesta con la informalidad elegante de un anuncio entrañable de fuet. La factura visual, tanto en la realización como en la edición y la postproducción, es bonita y sorprendentemente carrinclona. Podría ser un pódcast si no fuera por la necesidad de ver la obra de los invitados para entender sus propuestas y su punto de vista en la conversación. Sala 30 conecta con el espíritu estético de aquel antiguo esplendor del 33, cuando todavía parecía un canal cohesionado y con una línea editorial bien definida. El presentador es el cantante y actor Albert Pla en su versión más complaciente y predispuesta. Seguramente, también es su faceta más esforzada e insólita porque es él quien debe estimular el debate entre los invitados. Pla no tiene otro remedio que huir de su talante mediático más difuso y anárquico para dinamizar la conversación, luchando a menudo contra su propia timidez. La elección del presentador parece obedecer a una voluntad de no intelectualizar el formato en exceso y darle una pátina más relajada y popular. “Soy el que tengo menos estudios de esta mesa”, comenta con sentido del humor en el primer capítulo. El programa siempre comienza con un diálogo entre Pla y uno de los artistas para introducir la temática del capítulo. Después, con la comida a punto y la mesa puesta, llegan el resto de asistentes. Es interesante ver cómo se rompe el hielo entre ellos, en la mayoría de casos, uno de los momentos de más dificultad para el presentador, hasta el punto que en algunos episodios les pregunta si el acto de encontrarse y dialogar les abruma o se les hace pesado. La eficacia del formato es irregular en función de la química que nace entre los invitados y la habilidad para encontrar un hilo conductor que fluya. Para los interesados en el arte y la cultura es una oportunidad magnífica para descubrir artistas contemporáneos, comprender evoluciones generacionales y conocer formas de creación y de investigación. Más allá de la temática central, Sala 30 permite intuir formas de vida, procesos creativos y disciplinas. Manolo Laguillo, Pilar Aymerich, Joan Fontcuberta, Frederic Amat, Núria Güell, Lúa Coderch, Laia Abril y un largo etcétera van desfilando por la mesa puesta de la masía. Casi una cuarentena de artistas en una propuesta televisiva que parece demasiado convencional, conservadora y prudente para un programa sobre el Macba y el arte contemporáneo, que suele cuestionar lenguajes, experimentar con los códigos y evitar la neutralidad.

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