Qué buen momento para que vuelva 'Cuánta guerra!'
El miércoles volvió a TV3 Quanta guerra!, seguramente el mejor programa que se puede ver ahora mismo en la televisión pública. Esta vez, Eloi Vila acompañaba al actor Roger Casamajor a seguir los pasos de su abuelo Alejandro por las tierras de Aragón, donde lo enviaron con las tropas republicanas a frenar el avance de los franquistas.
La Guerra Civil nos la han explicado del derecho y del revés. No precisamente en la escuela, pero sí que ha sido un tema recurrente en la literatura, en el cine, en las series, en los documentales y en las exposiciones de fotografía. Se han hecho memoriales y múltiples iniciativas. Algunas historias, a veces, resultan reiterativas porque se explican desde un punto de vista más genérico. En cambio, el planteamiento del Quanta guerra! permite mantener la singularidad del relato. El programa parte de un caso individual muy concreto para entrar en las interioridades del conflicto de una manera que, a menudo, la historia no puede asumir con tanto detalle. La historia del abuelo de Roger Casamajor era especialmente conmovedora. Pero fue muy acertado, por parte del programa, hacer confluir también historias de otras familias en el punto donde se cruzaron las vidas de sus antepasados.
Hay una escena sintomática por la tensión subyacente: cuando invitan al actor a probar la misma arma que llevaba su abuelo y es reacio a hacerlo. Y eso que como actor había tenido que empuñar de falsas en diferentes producciones. Casamajor no parece del todo convencido de querer afrontar la experiencia de disparar una pistola y lo acepta un poco a regañadientes. El argumento que le hace ceder es experimentar lo mismo que debió notar su abuelo cuando tuvo que usar el arma. Es esta necesidad de conexión con los que ya no están, de ver lo mismo que vieron sus ojos, de entender lo que vivieron, de volver a los lugares a donde fueron a parar, lo que hace el camino del programa tan emocionante. Es muy bonita la manera como el Quanta guerra! integra las fotografías del pasado con las imágenes actuales, explicitando la idea de revisitar los espacios y los paisajes. No es solo una cuestión física, sino que, en cierto modo, también es simbólica. Devino un ritual de homenaje. A pesar del paso de los años, por unos instantes, abuelo y nieto están más cerca. A medida que íbamos descubriendo el sufrimiento del protagonista, el actor iba experimentando un proceso de indignación creciente. “¡No me extraña que no quisiera hablar de ello. ¿Quién querría hablar de toda esta mierda!” No es habitual, en la televisión, ver a dos hombres emocionarse de una manera tan espontánea y sincera, sin necesidad de añadirle palabras ni aspavientos.
El título del programa conecta con nuestro presente. Al margen de la historia familiar de cada espectador con la Guerra Civil, Quanta guerra! nos habla también de los tiempos que nos han tocado vivir. Habitualmente observamos por televisión la barbarie en otros lugares del planeta, en un mundo que cada vez parece más convulso. Y el programa de Eloi Vila nos recuerda que ningún sufrimiento nos debe ser ajeno.