La cruel pregunta de Susanna Griso

Como ya hemos visto en otras catástrofes, el accidente de tren de Adamus comporta decisiones televisivas absurdas e incluso crueles para llenar las horas cuando hay poca información fiable. Las cifras de víctimas en proceso de identificación obligan a la prudencia, pero la impaciencia hace que muchos programas dedicados a la actualidad especulen para mantener a la audiencia entretenida.

En todas las cadenas se van construyendo múltiples capas de información, con entrevistas a supervivientes, a los que se les pregunta, de forma reiterada, por los recuerdos del momento del accidente y de todo lo que vivieron a su alrededor. Algunos intervienen repetidamente en diferentes programas, y en algunos programas hacen dialogar a las víctimas entre ellas e intercambiar circunstancias y detalles de lo ocurrido. En Espejo público incluso consultaban a un pasajero si recordaba a la mujer que se sentaba frente a él y si estaba sentada en el momento del impacto. La hija de la mujer desaparecida había salido en otro programa de la misma cadena pidiendo información sobre su madre, indicando el número de asiento y el vagón en el que viajaba. El programa comprobó que tenían sillones consecutivos y por eso le trasladaban a él la responsabilidad de comunicar, públicamente, información sobre la pasajera que tenía enfrente durante el accidente.

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El superviviente, más tarde, explicó una cuestión muy relevante a la hora de justificar sus huecos de memoria: "Uno va reconstruyendo los records, pero ya no sabes muy bien si es por lo que escuchas en la prensa, en la radio...Para las víctimas los medios pueden uniformizar el relato. Llenan las lagunas derivadas del trauma y manipulan la memoria de lo vivido.

A ese mismo pasajero Susanna Griso le pidió: "¿Qué sientes al pensar que el sentarte en uno y no en otro sitio te ha salvado la vida? ¿Qué personas en butacas contiguas pueden haber fallecido y tú has sobrevivido...?". En la parte inferior de la pantalla ponían un letrero que decía: "Viajar en un asiento u otro puede marcar el destino".

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Más allá del mal gusto y la carencia de sensibilidad, desde el punto de vista periodístico la pregunta es éticamente reprobable. La pregunta obliga al entrevistado a revivir el trauma desde un puesto de responsabilidad. Es como preguntarle por qué él está vivo y otra persona no. Este planteamiento puede activar una respuesta psicológica clínicamente documentada por los psicólogos, que es la culpa del superviviente. Está vinculada al estrés postraumático, un aspecto que las televisiones no tienen en cuenta a la hora de entrevistar a los supervivientes. El periodismo busca testigos, pero ellos no tienen por qué estar necesariamente preparados para afrontar un interrogatorio. La temeridad de preguntar a un superviviente por el destino parece insinuar alguna razón sobrenatural o supersticiosa que le haya salvado y le obliga a posicionarse sobre su suerte y si era más justa o merecida que en el caso del resto de pasajeros. Mitifica la catástrofe y, desde luego, quiere provocar una reacción emocional del testigo. En un estado de vulnerabilidad, esta cruel pregunta puede ser una herida.