Cuidado con las purgas de información digital pública
Breve resumen: un desarrollador crea una herramienta que permite consultar con claridad la información disponible en la Generalitat sobre subvenciones. De repente, desaparecen muchos datos y, cuando se restituyen después de la comprensible polémica, faltan alrededor de un millón de registros. No hay que malpensar necesariamente: un análisis del informático David Poblador determinaba que el 95,2% de los registros, digamos perdidos, correspondían a ayudas modestas a personas individuales para comedores escolares y similares que, si no estaban anonimizadas, suponen un problema de privacidad evidente. Ahora bien, se ha hecho evidente la opacidad que hay con los repositorios digitales de información. No queda claro a qué ventanilla hay que dirigirse para reclamar qué ha pasado con una información que ha dejado de estar disponible. No hay un registro que permita identificar qué se ha eliminado y por qué. Este es uno de los casos que ha impulsado un manifiesto de la fundación Accent Obert sobre neutralidad y transparencia en la red. Entre las medidas que propone, destaca que la información sea “accesible, continuada, verificable y auditable” y que se establezca una trazabilidad pública de las restricciones e incidencias. No puedo sino sumarme a ellas de todas, todas.
Una de las primeras medidas de Trump 2.0 fue eliminar un montón de datos de investigación de su servicio de salud que no les eran convenientes políticamente para su agenda acientífica. Damos por hecho que en internet la información no se degrada ni muere, pero esto es solo en teoría: hay purgas que, por la naturaleza del medio, pueden ser invisibles. Si quemas libros, al menos puedes ver el humo. Es posible que no haya mala fe en estos vaivenes de datos en la Generalitat estos días. Pero para disipar dudas, el caso obliga a crear protocolos forenses de estas incidencias. Hace falta más transparencia sobre la gestión de la transparencia.