El debate sobre el burka, ¿a dónde va?
La división clásica de las redacciones en secciones especializadas hace que algunos temas fronterizos reciban un tratamiento muy diferente dependiendo de si caen a un lado o al otro del tejado. Estos días se habla mucho del burka y derivados. Que si supone el acercamiento del PP a Vox. Que si Junts también quiere la prohibición, pero para no formar parte del mismo bloque propone unas competencias catalanas. La cosa no debería ir de siglas. Como vecino del Raval, asisto preocupado al incremento de coberturas diversas de las mujeres –y a edades cada vez más jóvenes, incluyendo niñas– y me pregunto si no sería mejor que fuera la sección de Sociedad quien tratara el asunto. Porque los argumentos que se disparan desde la política son interesados y dejan de lado a las principales afectadas por esta inequívoca forma de opresión: las mujeres. Prohibir el burka, sin más ni más, es una medida que empeorará su situación, porque las eliminará del espacio público. Aún las veremos menos, pero habrá quien considere resuelto el problema. El reto es retirar los velos, no las mujeres. Y mientras la conversación esté dominada por la bronca partidista perpetua –y las secciones de Política transmitan el inacabable lanzamiento de eslóganes–, ellas seguirán bajo ese yugo de tela, invisibilizadas, dos metros detrás de su marido. Las niñas continuarán sin ir a las colonias. Sin hacer extraescolares una vez llegan a la adolescencia. Sin libertad para amar.
¿Quién defenderá a estas niñas que en pocos años recibirán toda la presión de su sistema cultural para que queden reducidas a poco más que a la función reproductiva y de crianza? No la ultraderecha, claro, pero tampoco la izquierda exquisita. Hacen falta propuestas de mirada larga y que, desde la prensa no sectaria, se empuje para que el debate sea legal, social, cultural y político... sin partidismos.