Lunes, en Telenotícies migdia, Anna Garnatxe y Xavi Coral nos recordaban la tregua de cuatro meses en Gaza, a pesar de que Israel sigue prohibiendo el acceso a periodistas. Informaban que, a pesar de este contexto de supuesto alto el fuego, los ataques se han mantenido y han provocado más de seiscientos muertos. Especificaban que muchos de ellos habían sido asesinados al cruzar la frontera, ahora llamada “línea amarilla”. Esta introducción servía para anunciar que el corresponsal de TV3 en Jerusalén, Jordi Brescó, había podido entrar en Gaza de la única manera que era posible hacerlo: con un convoy organizado y controlado por el ejército israelí. “Las imágenes tienen valor, pero han puesto muchas limitaciones, aunque Israel lo presente como una gran oportunidad para los periodistas”. Este preliminar era necesario para advertir que aquel operativo tenía más una intención propagandística que periodística.En la crónica de Brescó, grabada el jueves pasado, el mismo corresponsal lo indicaba nada más empezar, bautizando aquella ruta con el convoy israelí como “una performance de periodismo dentro del territorio prohibido”. Una definición muy ajustada, porque cuando el oficio pierde su esencia pero se mantienen las formas no es más que una puesta en escena: un grupo de periodistas acreditados como tales y con los chalecos que subrayan su condición de "Press" pero sin la posibilidad de trabajar con independencia. Brescó lo definía como “unas circunstancias muy alejadas de las necesarias para hacer buen periodismo”. Explicaba que Israel lo atribuía a razones de seguridad. El periodista insistía en que aquello era “una especie de visita guiada”: “No tenemos libertad de movimientos ni podemos hablar con gazatíes”, decía.En las imágenes veíamos cómo los periodistas subían al camión, cruzaban las compuertas que delimitan el terreno en el trayecto y llegaban hasta una zona de control de la línea amarilla. Brescó nos enseñaba de qué manera se vigilaba la frontera, que alertaba de la prohibición de paso de los palestinos. Brescó entrevistaba al portavoz del ejército, que aseguraba que a todos aquellos que cruzan la línea les dan “todas las oportunidades del mundo para dar la vuelta”. Después el periodista recordaba que habían abatido a 120 personas en aquella zona: “Personas, niños incluidos, que cruzaron la línea sin darse cuenta”. Brescó enseñaba cómo era la línea amarilla, la poca claridad del límite y cómo, curiosamente, aquel día que hacían la “visita guiada” se veían mejor las marcas. De hecho, parecían recién puestas como parte del operativo.La crónica del Telenotícies tenía un sentido totalmente opuesto al que podía pretender el ejército israelí: más que permitir el acceso a Gaza y aparentar una supuesta transparencia, la visita demostraba el control de la información y del territorio por parte de Israel. Está muy bien verlo, si más no para entender el contexto de otras noticias que nos llegan desde la zona y para tener presente el sesgo que se pretende imponer en el relato y cómo se ejecuta.