Deslizante con Juan Carlos y Jeffrey Epstein

Las ganas de cierta tipología de prensa deseosa de embadurnar el nombre de sus malvados particulares adscribiéndolos a una relación con Jeffrey Epstein sigue generando momentos incómodos. La Sexta relataba este miércoles un correo del proxeneta donde se supone que decía: "Ceno con el rey Juan Carlos de España esta noche. Impresionante. Cena organizada por Pepe Fanjul para amigos". Pero en realidad no era Epstein quien lo escribía, sino que era su destinatario. Una mujer era quien relataba esta presunta cena, que vete a saber si se acabó celebrando. De nuevo, la prisa –por publicar sin mirárselo dos veces– y la pereza –de no contrastar lo que– generaban una pifia que otros medios se han encargado de reproducir: si lo dice La Sexta, será verdad, cópialo de allí y publícalo. Insisto en el peligro que comporta publicar al por mayor millones de documentos. Hacer una búsqueda por nombres está al alcance de prácticamente cualquiera. La gracia es rascar y escarbar para ver si aquella referencia esconde realmente una noticia o nos conformamos con la yuxtaposición de los dos nombres esperando que, por contaminación cruzada, uno quede salpicado por los pecados del otro. Ocurrió hace unos días con Aznar, ahora volvemos con Juan Carlos. Por funestos que encontramos a ambos personajes, esta frivolidad a la hora de hablar de ellos no sólo no los condena, sino que más bien se desvía el foco de donde toca.

De nuevo, se hace evidente que el principal ingrediente del periodismo es el tiempo. Porque el dinero sirve para comprar tiempo de periodistas haciendo realmente su trabajo. Nunca había sido tan fácil tener toneladas de datos a su alcance. Pero esto se ha convertido en uno de los principales problemas: la prisa por publicar y el mimetismo están estrangulando la investigación. La presión por el clic lleva al conformismo una vez obtenida. Algún iluso puede llegar a creer, incluso, que ya ha informado.