Me hacen una encuesta tramposa sobre humor

Tantas veces criticando las encuestas cuando hacen preguntas inducidas y ahora he podido probarlo en primera persona. Hace poco me llamaron para participar en un sondeo y accedí. Después de las primeras preguntas genéricas, enseguida se hizo evidente qué iban buscando. Me preguntaron, por ejemplo, si se deberían poder hacer bromas de colectivos vulnerables. Yo pregunté si podía decir que sí, pero dependiendo de quién la hacía, con qué intención y en qué ámbito. No me dejaron, claro: o sí o no. Y rehusé contestar una pregunta que me parecía totalmente dirigista. Porque no es lo mismo un casete de gasolinera de Arévalo riéndose de los homosexuales que un chiste solo en apariencia racista porque en realidad busca plantificar en los morros de la audiencia sus propios prejuicios. Pero quien había diseñado aquello buscaba una respuesta determinada y era imposible encajar estos matices en un excel de sí o no. La persona que me la iba pasando fue amable y paciente, pero –como es comprensible– todas mis digresiones valorando las preguntas obtenían un resignado "ajá" como respuesta, antes de pasar a la cuestión siguiente.

Se habla mucho de la cocina de las encuestas, pero cualquier preparación demoscópica empieza mucho antes, con el planteamiento del formulario. Así que, cuando días después he leído en los titulares de prensa de todas partes que un 82,8% de los españoles están a favor de poner límites al humor, no he podido evitar sonreír. Recuerdo haber rehusado sumar mi voto, porque había una segunda trampa, además de la inducción: en ningún caso se preguntaba quién los había de imponer, estos límites. Entonces no se identificaron, pero ahora he visto que la encuesta era para el CIS, así que quien sutilmente se arrogaba este deber punitivo ante una abrumadora mayoría de la opinión pública era el-gobierno-más-progresista-de-la-historia. Interesante.