Un instante del último capítulo de la temporada de 'Com si fos ahir'.
24/07/2026 - 20:58 h.
Periodista y crítica de televisión
2 min

Miércoles, finalmente, vimos el especial de final de temporada de Com si fos ahir. Una emisión prevista para el lunes, después de ser anunciada en múltiples promociones. La retransmisión en La 1 de la celebración de la victoria de la selección española en el Mundial provocó un cambio súbito de la programación. TV3 se resignó a supeditarse al espectáculo televisivo galdós de la roja por el miedo a perder audiencia.

Aunque Com si fos ahir es uno de los programas que siempre está en el ranking de los diez más vistos en Cataluña y uno de los contenidos con más demanda en la plataforma 3Cat, es una serie que durante la temporada regular no merece promociones ni un espacio privilegiado en el portal. Un detalle que hace evidente la poca consideración por parte de la cadena, a pesar de que la telenovela de producción propia de los mediodías sea uno de los espacios emblemáticos de la tele pública y uno de los clásicos más valorados.

El episodio que cerraba la temporada, sin embargo, fue decepcionante, como si hubieran precipitado los acontecimientos de una manera forzada. En los últimos meses, las tramas han agonizado y algunas se han alargado más de la cuenta. Hemos acabado hasta las narices de las placas solares, la crisis de pareja de Sílvia y Francesc ya no podía dar más vueltas, el divorcio de Manel y Carla ha sido peor que el de Shakira y esperamos que, volviendo de vacaciones, se le haya pasado el dolor de espalda a Toni.

Lo más bonito del último capítulo fue la llegada inesperada de Anna, la hija de Sílvia. Sobre todo porque tenía algo de simbólico: el regreso (aunque sea excepcional) de la actriz Àngela Cervantes a la serie después de una trayectoria profesional maravillosa desde que se marchó.

Ahora bien, la lucha por la custodia de Nico se resolvió con un giro sin sentido de Gemma, convertida inexplicablemente en una abuela malvada. Y la arrebato amoroso de Jordi y Janina ha sido una filigrana rocambolesca para eliminar personajes con urgencia. La excusa de la investigación de la plaga del picudo rojo ha sido más sibilina. Algunas tramas, además, eran demasiado parecidas a conflictos de temporadas anteriores. El susto en la cocina conectaba con el trauma del pasado de Gemma con el incendio del hotel. Otra vez el terror de las llamas. Las amenazas del hermano de Zoe llevaban a Toni pequeño, nuevamente, a ser la víctima de un delincuente secundario. Y como en un déjà-vu, la familia se vuelve a encontrar bajo la sombra de un intento de homicidio.

La secuencia final puso demasiado en evidencia las estrecheces presupuestarias de la serie. “Hagamos lo que hagamos, acabaremos en el Flora”, dijo Sílvia. Una frase que puede resumir la esencia de toda la serie. La escena delataba también las limitaciones de espacios. El elenco estaba demasiado apiñado en una fiesta poco lucida para un cierre de temporada. Y después de aguantar tantos días la lata del Jordi con la letra de la canción, cuando llegó el momento culminante de cantarla no se entendía lo que decían. Un final tronado que parecía indicar la necesidad imperiosa de una parada para poner un poco de orden y nuevas energías a la serie.

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