La entrevista previsible de Basté a Salvador Illa

Esta semana Salvador Illa ha hecho doblete televisivo. Dijo que no quería hacer espectáculo de su enfermedad, pero se ha asegurado de que la vuelta fuera muy sonada. El martes, Ariadna Oltra le hizo una buena entrevista institucional en TV3. Y el miércoles, en La 2 Cat, Jordi Basté hizo con él una visita guiada por el Palau de la Generalitat. Como el mismo presentador advirtió, era una entrevista de carácter más humano. La convalecencia del president ha justificado aún más el talante personal del programa. Ciertamente, el rato que Basté le preguntó por la enfermedad, el ingreso hospitalario y la gestión del cargo durante su baja fue interesante. Pero una vez más, en el Pla seqüència hay tanta atención por la filigrana técnica que se desatiende el trabajo de guion. Basté, quizás demasiado pendiente de la coreografía, va con el piloto automático a la hora de preguntar. El guion de la entrevista al president Illa estaba documentado a partir de entrevistas anteriores. Basté le preguntaba al president cuestiones que ya sabía, y solo le pedía que le confirmara el dato: “Usted es creyente...”, “A su mujer solo la hemos visto una vez...”, “Tiene una hija...”, “¿Usted nació en la Roca?”, “¿La familia vivía allí?”, “¿Usted dónde vive?”, “¿Cuándo empezó en la política?”, “Después pasa al departamento de Justicia, ¿verdad?”, “Usted durante la pandemia vivía en Madrid...”, “Usted es socio del Español...”. Incluso cuando le preguntó por los hermanos le pidió si se peleaban, buscando una anécdota concreta que el president ya había explicado públicamente en la entrevista con Ricard Ustrell el año pasado. “¿Lo de las gafas es verdad?”, le preguntó. Basté lo sabía de sobra porque el mismo Illa ya había explicado la historia: cuando los hermanos se peleaban, hacían una tregua para quitarse las gafas para evitar romperlas y que los padres tuvieran que comprar unas nuevas.El problema del guion es que no hay ninguna pregunta trabajada, pensada para que el president explique algo diferente y nuevo. Y así es muy difícil que una entrevista evolucione hacia lugares verdaderamente nuevos, personales y más íntimos. Por mucho que te distraigan con una visita guiada por la Casa de los Canónigos o el asistente te haga un truco de magia, el diálogo sigue siendo lo más importante. Y en el Pla seqüència, esto se está olvidando. Mucha exhibición técnica pero poco trabajo de guion. No basta que las preguntas las haga Basté. Las preguntas no pueden ser de principiante. Como el guion no tiene ninguna personalidad ni audacia, las respuestas devienen altamente predecibles. Una buena entrevista de las mal llamadas “humanas” debe saber llevar al entrevistado a lugares que no se espera, a reflexiones que no tenía previstas. Y eso solo se consigue con preguntas que han sido pensadas para saber algo nuevo del personaje, no lo que encontrarías en la Wikipedia. Era evidente que Basté sabía, más o menos, lo que le podía contestar Illa. Y si el entrevistador no se sorprende, el espectador tampoco.