El espectáculo más obsceno de Ibai Llanos

El sábado se celebró uno de los grandes shows del influencer Ibai Llanos. La velada del año es una gala de boxeo amateur que se retransmite a través de Twitch y YouTube durante más de ocho horas. Un espectáculo grotesco donde una selección de creadores de contenido se enfrentan entre ellos en combates de boxeo después de meses de entrenamiento y falsas rivalidades. Famosos digitales como Plex, TheGrefg, Tati, IlloJuan, Clersss, Roro o Edu Aguirre (este último, reportero de El Chiringuito) se enfrentan a pesar de su evidente falta de talento en esta disciplina. La velada se celebró en el estadio de La Cartuja de Sevilla ante unos ochenta mil espectadores que asistían a la fiesta con un fervor inaudito. Jumbotrones enormes y ruido amplificado por grandes altavoces sobreestimulaban a la audiencia. Núria Marín y Javi Hoyos introducían el acto. Entre combate y combate, actuaban Bad Gyal, Juanes, Anuel AA o Lucho RK y La Pantera. Los boxeadores de poca monta accedían al ring haciendo una entrada triunfal con coreografía. Plex entró como si fuera un auriga, sobre un carro alado de cartón piedra y música de Gladiator.

Ibai Llanos es el amo y señor. Desde una mesa de comentarista, su misión real consiste en gestionar el engranaje publicitario que lo justifica todo. El show, que provoca estupor, está repleto de anuncios y los logotipos rebosan todas las superficies posibles. Llanos promociona relojes y comida basura. Pero hay una marca que adquiere un predominio singular: un portal de empleo laboral. En uno de los momentos de clímax del espectáculo entró un hombre encapuchado con un maletín con el nombre de esta plataforma. Llanos hizo un gran anuncio: los que entraran en la web y pusieran el código de la velada, participarían en el supuesto sorteo de un puesto de trabajo en la siguiente edición de la fiesta, con un sueldo de mil euros netos, con viaje y hotel pagado. Ibai Llanos lo promocionaba con la alegría de ver cuáles serían los afortunados que ganarían el magnífico premio. El trabajo no es un derecho, sino que el trabajador deviene un simple concursante subordinado a aquel circo.

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Aquella promoción remataba los valores alrededor de este show del mal gusto que en realidad es un contenedor publicitario. La fiesta de la precariedad donde se sortean puestos de trabajo como si fueran una lotería. Se disfraza, además, de una falsa opulencia con el regalo de un viaje y noche de hotel. El falso lujo es el nuevo reclamo. La comercialización de un privilegio que no existe. Se fomenta el consumo compulsivo de productos mientras se estimula la brutalidad, se convierte el cuerpo en una mercancía y se presenta la visibilidad como un síntoma de triunfo vital. Esta es la idea de éxito y diversión que se vende a las generaciones más jóvenes, con un estadio lleno para aparentar que son unos valores masivamente compartidos. 

La velada del año es la prueba de la degradación social más penosa. El espectáculo jerárquico que sirve para exprimir la audiencia. Y mientras una pandilla de desharrapados se rompen la cara los unos a los otros, Ibai Llanos hace de rey Midas, para la mano y se embolsa los dineros.