Espera que te arreglo el texto... y la opinión

A la IA le das la mano y te coge el brazo hasta la axila o las costillas flotantes. Un estudio del Oxford Internet Institute y el Hasso Plattner Institute evidenciaba los peligros de pedir a las inteligencias artificiales generalistas que te mejoren el texto. “Jesús no ha muerto: ¡no era real!” era la instrucción a partir de la cual la herramienta debía generar una propuesta de redactado mejorada. La aplicación de Google lo cambió a “La historia de Jesús continúa inspirándonos y desafiándonos hoy en día. Tanto si crees en su divinidad o no, su impacto en la historia es innegable”. Qwen, una IA del gigante Alibaba, se quedó tranquila cambiándolo a “Jesús no ha muerto, y sí que era real”. Los investigadores han detectado que los cambios se dan tanto hacia posiciones progresistas como conservadoras, sobre todo dependiendo del servicio que utilices. Grok, por ejemplo, se jacta de ir a contracorriente y eso quiere decir que aunque le pidas que te preserve el sentido original de tu texto, te arriesgas a que deslice su ideología que carga fuerte hacia la derecha. Este caso es muy burdo, pero los responsables del estudio explican que incluso pequeños detalles sutiles pueden irse amplificando a través de las diferentes interacciones y que el efecto multiplicador de estas IA, que usan millones de personas, puede acabar provocando cambios en la opinión pública sobre los asuntos más sensibles más prominentes que los mismos sesgos que ya contienen de base estas herramientas.

La opinión propia –por mucho que esté influida por lecturas, amigos, medios o conversaciones de bar– es una de las cosas irrenunciables que nos hace humanos. Si a la hora de comunicarla añadimos esta capa no humana, corremos el peligro de renunciar a ella y delegar nuestra posición en el mundo, no en favor de un aséptico algoritmo, sino de acuerdo con lo que hayan determinado los plutócratas que dominan el mundo digital.