Más fiesta que ira en el último programa de Stephen Colbert
La CBS defiende que el programa no era rentable a pesar de liderar en audiencias, pero muchos consideran el cierre plegarse a los designios de Trump
Barcelona“Levántate, Jean Louise, tu padre está pasando”. La frase memorable de la película Matar a un ruiseñor, que encapsula la dignidad del héroe vencido, podría haber sonado este jueves por la noche cuando se emitió el último episodio del Late Show with Stephen Colbert en la CBS. La cadena insiste en que la decisión de retirar un formato arraigado en la cadena desde 1993 –cuando lo presentaba David Letterman– es solo financiera por los 40 millones de pérdidas que generaba, a pesar de ser líder en su franja. Pero muchos ven en ello la mano de Trump, teniendo en cuenta que durante once años el cómico ha sido uno de los más críticos con el presidente norteamericano, y que la cadena está operando un giro inequívoco hacia la derecha.
Este último episodio, de una duración excepcionalmente larga de 80 minutos, llegaba con impulso. Los últimos días habían ido desfilando por el programa algunos de los enemigos más célebres de Trump, que no tienen miedo de cantarle las cuarenta. Es el caso de Robert De Niro, el chef solidario José Andrés (vestido con camiseta de la selección española) o Bruce Springsteen, que le dedicó la canción que interpretó: “Eres el primer hombre en los Estados Unidos que ha perdido su programa porque tenemos un presidente que no sabe encajar una broma. Y porque Larry y David Ellison [propietarios de la CBS] sienten que tienen que lamerle el culo para conseguir lo que quieren. Esta es para ti”.
El último día, Colbert se dejó acompañar por sus amigos de la llamada Strike Force Five, los también cómicos Jimmy Kimmel, Jimmy Fallon, Seth Meyers y John Oliver. Y unos días antes había invitado a su predecesor, David Letterman, que no tuvo pelos en la lengua para decir que estaba “muy enfadado” y que no se creía los motivos oficiales dados por los directivos de la cadena, a los que calificó de “ratas mentirosas”. El hecho de que haya conseguido el liderazgo con una audiencia de 2,7 millones de espectadores diarios en lineal, más millones de reproducciones de sus clips en redes y plataformas, pero que aun así pierda dinero, plantea dudas ya no sobre su programa en concreto, sino sobre el formato de los late shows, difíciles de monetizar en el actual panorama, en el que la televisión lineal sufre un éxodo de espectadores. Más allá de las motivaciones políticas, las cadenas no saben cómo convertir en dinero la notoriedad que consiguen con los momentos virales de estos programas.
En todo caso, la audiencia de este último episodio seguro que será muy alta. Cuando Letterman se despidió, lo hizo ante 13 millones de americanos que quisieron ver su último show. Además, desde la competencia le echaron una mano: tanto Jimmy Fallon como Jimmy Kimmel avisaron que no querían rivalizar con Colbert este último día, así que renunciaban a hacer programa y solo emitirían una repetición, con el mensaje explícito e insólito de que su recomendación era ver este adiós histórico. A pesar de la solemnidad que podía esperarse de una despedida en estas circunstancias, Colbert intentó hacer un programa –digamos– normal, sin estridencias. No aprovechó para romper la baraja o vengarse de los que han decidido cancelar el programa. Al fin y al cabo, la noticia saltó en julio y, por tanto, ha tenido toda una temporada para construir su legado y dejar clara una línea editorial.
En esta noche agridulce, el invitado principal fue Paul McCartney, que presentaba disco con 83 años, aunque el fin de fiesta fue interpretar la canción Hello goodbye de los Beatles. Era una elección que incluía un guiño histórico: uno de los conciertos más famosos de los Beatles en Nueva York se hizo en este Ed Sullivan Theater donde el grupo de Liverpool actuó... hace 62 años. Por otro lado, el humorista había comentado, cuando justo había empezado a hacer el show, que una de las ilusiones de su vida era cantar con Elvis Costello el tema Jump up, y finalmente lo pudo hacer realidad.
El tono fue, pues, más festivo que reivindicativo. Hacia el final del episodio, sí que quiso dirigirse a la audiencia que había conseguido entradas para presenciar este programa histórico, y también al público que estaba en casa, para lanzar su mensaje final mirándolos a los ojos y rompiendo la cuarta pared: “La energía que nos habéis dado es lo que hemos necesitado para hacer el mejor programa posible durante once años. Nos encanta hacer este programa para vosotros, pero lo que realmente nos encanta es hacerlo con vosotros”, concluyó. De hecho, cuando parte del público pitó cuando dijo que aquel era el último monólogo, de inmediato los cortó: "No, no, hemos sido muy afortunados de poder hacerlo!"
Durante toda la segunda mitad, un gag recurrente iba explicando que el programa estaba a punto de ser engullido por el fenómeno astrofísico conocido como agujero de gusano. El tiempo fue consumiéndose, como es inexorable en la vida y en la televisión, y finalmente este bastión de crítica sana y humanista, de humor ácido pero medido y de entrevistas inteligentes que desafiaban la banalidad que se impone en tantos otros ámbitos se convirtió en un recuerdo. Aún no se sabe hacia dónde dirigirá ahora sus pasos este Atticus Finch de la televisión, caído en el campo de batalla por haber señalado la desnudez del emperador.