Entrevista

Mònica Terribas: “Han considerado que lo más limpio era ponerme en una lista”

Periodista, directora de 'El buen espíritu' (HBO Max)

23/09/2026 - 18:04 h.

BarcelonaEn WhatsApp tiene una foto con su hijo Marc, que le da un beso. "Me recuerda que es él quien me ayuda a mí, a mantener el rumbo, y no al revés -explica-. Desde que nació Marc, todas las decisiones relevantes las ha marcado él y ha seguido, con paciencia y comprensión, mis decisiones profesionales y las de su padre. Triángulo isométrico de vida". La periodista acaba de estrenar El buen espíritu (HBO Max), una investigación sobre el papel de los hombres en el Opus Dei, después de narrar el año pasado la perspectiva femenina en El minuto heroico.

Después de explicar el papel de las mujeres en la Obra, ahora te centras en los hombres. ¿Cuál es la principal diferencia?

— Que ellos mandan. Los numerarios célibes gobiernan la obra y se convierten en sacerdotes, tienen el diseño y el control de toda la estructura. Saben a dónde van las aportaciones, quién tiene acciones y quién no tiene.

En el documental un testigo menciona la palabra mafia.

— La cuestión es cómo se organiza todo desde abajo para que funcione de una manera natural. El Opus Dei es una estructura muy inteligente: desde pequeños, la gente que forma parte de él considera que es de buen espíritu dar todo su sueldo a la Obra y no preguntar mucho qué se hace con él.

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Desde pequeños, dices. Son compromisos de por vida arrancados a menores.

— En el documental hay unos cuantos testimonios simétricos. Todos ellos, con 14 o 15 años, pitan, que es como llaman a pedir la admisión. Uno de los casos es el de un chaval nacido en Versalles, al que envían con quince añitos al medio de la nada de Polonia, de donde no ha vuelto. Aquella decisión del Opus Dei le ha determinado la vida. La ha podido rehacer, pero cuando estaba roto por la mitad el único pensamiento que le venía es: “No me puedo suicidar, porque mi madre todavía está viva”.

Los que mandan también lloran.

— Claro, porque se convierten en victimarios y eso es lo que les hace sentirse peor. Son los que han maniobrado el dinero. Son los que han presionado a quien no aportaba lo suficiente. Un exmiembro que no sale en El buen espíritu me decía: “Yo he ido al notario con un miembro del Opus Dei que estaba muy al límite de entrar en la demencia para convencerlo de no tocar el testamento”.

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Ahora que has hablado con ellos y ellas, ¿quién está más roto?

— Ellos. Las numerarias auxiliares pasan mucha penuria y las han explotado laboralmente. Pero cuando consiguen salir del Opus Dei han tenido los santos bemoles de presentar una denuncia. Ellas han obedecido, limpiado, mimado... pero no llevaban los sobres, no han orquestado.

Después de El minuto heroico pediste públicamente al Vaticano una reparación. ¿Ha llegado?

— No ha llegado directamente en base al documental, pero sí que me ha llegado que el papa Francisco había exigido la reforma de los estatutos del Opus. Y que el papa León XIV lo primero que hizo fue llamar a capítulo al prelado y a su segundo, para reclamarles esta reforma. Quien pensara que Prevost no perseguiría el tema del abuso espiritual estaba muy equivocado.

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¿Lo vieron, pues?

— Me consta que el documental llegó a Roma, a la oficina del papa Francisco. Pero enseguida entró en el hospital y no conseguí saber qué les había parecido. Sí que me hicieron llegar que estuviera tranquila, que el Papa estaba completamente al tanto y que lo había recibido.

Los tentáculos del Opus Dei en las instituciones de poder son proverbiales. ¿Los tienen todavía, en Cataluña?

— En Cataluña y en España, en todas partes. Se notará un poquito con la cobertura mediática de esta segunda parte. Porque cubrir el abuso de las mujeres lo pueden minimizar como una cuestión de otra época, o un tema laboral. Pero hablar de cómo funciona el dinero... Aquí hay un nivel de detalles sobre cómo funciona la arquitectura de poder que hará que a algunos medios con mucha relación con los entornos sociales del Opus Dei les cueste hablar de El buen espíritu.

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Tú que fuiste directora de TV3, ¿sentiste en aquella etapa el abrazo de los tentáculos del Opus Dei?

— Te he de decir que no. Mira que sentí tentáculos, ¿eh?

¡Y chirridos!

— Y chirridos por todas partes, sí. [Ríe] Lo que es evidente es que hay personas de nuestro entorno económico y financiero con influencia del Opus. El libro sobre La Caixa de Rafa Burgos explica cómo tienen mucha relación con la Obra, y es evidente que estos temas no les gustan. Yo misma, cuando hacía La nit al dia, le pregunté directamente a Isidre Fainé si era miembro del Opus Dei.

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¿Qué respondió?

— “Pregúnteselo a mis hijos”, contestó, poniendo en valor a la familia. Y yo no discuto la buena fe de Isidre Fainé o de quien sea: yo estoy hablando de cómo funciona el sistema. Solo pido a los que han sido supernumerarios y a los supernumerarios de una misma familia que vean el documental y se sienten a hablar de si ellos han notado que algunas de las cosas que denuncian estas personas que lo han vivido durante veinte años les resuenan.

Has hecho el documental en Mediapro, donde llegaste de la mano de Jaume Roures. Él ya no está, y Tatxo Benet tampoco. ¿Cómo impacta en tu situación?

— Lo altera todo porque ya no estoy en Mediapro por decisión de Mediapro. La reestructuración me ha afectado, pero no altera mi voluntad de hacer periodismo. Ni mi voluntad de tirar adelante proyectos que me interesen mientras encuentre quien quiera ayudarme a producirlos.

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Con El minuto heroico ganaste un Ondas. ¿Cómo explicas que no sea suficiente para conservar el trabajo?

— Porque las prioridades de la empresa han cambiado mucho. El Mediapro que fundaron Roures, Benet y Romy, y que se convirtió en una de las empresas audiovisuales más importantes de Europa, ahora está en una situación económica complicada: no habrían hecho un ERE si no fuera así. Y, sobre todo, tiene unas prioridades muy diferentes, y un perfil como el mío quizás no les interesa. También lo entiendo. Una tiene que ser humilde y asumir que quizás quieren gente más joven o a quien le interesen otras cosas.

Pero que una profesional con tu trayectoria no tenga un encaje fácil no dice muchas cosas buenas del país. Solo te queda la Corporación, como gran empresa.

— Uy, yo en la Corporación ya no pienso. He dirigido TV3, he trabajado mucho en aquella casa y no creo que la Corporación sea un espacio donde nadie piense en mí, ni siquiera para producir cosas.

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¿Y entonces?

— No lo sé. Por muchos accidentes profesionales y empresariales que haya encontraremos la manera de vincularnos con gente de espíritu creativo. Mira, el hecho de poder ayudar a estas personas que están sufriendo y hablar del Opus Dei abiertamente ha sido un regalo. Mi marcha responde a gente a quien no le interesa lo que hago y ya está: han considerado que lo más limpio era ponerme en una lista. No pasa nada.

No quiero irme sin preguntarte por el momento político y el auge de la extrema derecha.

— Es preocupante cómo se está alimentando la xenofobia, el racismo y la exclusión. Tengo que pensar qué le está pasando al cerebro humano para que haya líderes políticos en Cataluña o en España capaces de decir que hay gente que sobra, en vez de quemarse las pestañas para encontrar soluciones. A esto se suma una IA desbocada, parida para ser eficiente económicamente como buena hija del sistema capitalista. La mentalidad individualista general está haciendo pareja con la máquina. Y el cóctel es explosivo.