Ya se han emitido tres programas de No se ha hablado suficiente en La 2 Cat, un nuevo formato que, según los comunicados de prensa del estreno, ofrece “una mirada diferente sobre la actualidad, centrada en aquello que a menudo queda fuera del foco mediático”. Teniendo en cuenta el título del programa y este planteamiento, los temas que han abordado provocan un cierto desconcierto: Sant Jordi, Donald Trump y el Barça-Madrid. Menos mal que la mirada debía ser sobre aquello que queda al margen de los medios. Sería difícil encontrar unos temas sobre los cuales se haya hablado más.Insisten mucho en esa “mirada diferente”: “Un espacio de conversación diferente para acercarnos a la actualidad también de forma diferente”, dicen al inicio. O que “busca las grietas de la actualidad y pone el foco en los temas que quedan en un segundo plano”. Pero por mucho que lo repitan, la dura realidad es que se trata de una tertulia, que no es precisamente el súmmum de la originalidad hoy en día. Una conversación alrededor de una mesa, en un ambiente cálido y amigable, moderada por la siempre eficiente Laura Rosel. Del tono relajado también podríamos decir “poco esforzado” por parte de los participantes. Algunos colaboradores van rotando, otros repiten en función de la semana o pueden ejercer roles complementarios. Uno de los invitados habituales es Jordi Basté, omnipresente en la cadena, que se ha colocado él mismo entre el elenco de fichajes, porque el programa es de su productora. Como no se ha hablado lo suficiente de cualquier cosa en El món a RAC1, necesita una dosis extra en La 2 Cat. Este clima de distensión tiene, eso sí, algún daño colateral: siempre hay algún momento de aquello que podríamos llamar cunyadismoconversacional. Salvo contadas excepciones, las propuestas argumentales se caracterizan por la obviedad, los lugares comunes y la aportación fácil. Quizás el detalle más original del planteamiento son los soportes para el móvil que tienen sobre la mesa, que incorporan el teléfono como un apéndice innegociable del diálogo entre humanos.En la conversación se integra, en una segunda parte, una figura destacada vinculada al tema que vertebra el programa para que Rosel y los colaboradores la entrevisten. Esta es, sin duda, la parte más singular desde el punto de vista televisivo. También hay una sección de análisis titulada Se ha hablado demasiado, que sirve para continuar disertando más sobre el mismo tema, lo que crea un bucle infinito que contradice el objetivo teórico del programa. Otro tópico es la dosis de humor que ha de aderezar cualquier formato, ejecutada por un reportero de calle, Víctor Lafuente, demasiado preocupado por ser gracioso. Una actuación musical informal sirve para despedir el programa.La voluntad de ser diferentes de No se ha hablado lo suficiente queda limitada a una cuestión estética. El espacio confortable y elegante, la calidez de la iluminación y un planteamiento circular marcan las diferencias visuales. De lo que no se habla lo suficiente es de la enorme dificultad de la televisión para atreverse a hablar de cuestiones diferentes y, sobre todo, desde la pericia.