Más humor que no hace reír

La noche del jueves, La 1 estrenó Crossobar, un programa de humor para conmemorar el 70 aniversario de la cadena pública. Está producido por El Terrat, y es un formato de sketches al estilo del Polonia en el que todos los personajes forman parte del universo televisivo y cinematográfico, tanto del presente como del pasado. Se hacen parodias deEl hormiguero, La revuelta y el Late Show de Marc Giró, de series como Valle salvaje, Los Bridgerton, El ministerio del tiempo, Sexo en Nueva York y La promesa, y películas como Pretty woman y Solo en casa. Teniendo en cuenta que aparecen personajes que ya han muerto, como Félix Rodríguez de la Fuente y Jesús Hermida, hay que deducir que existe cierta voluntad de conectar con el sector boomer.

La realización, producción, ambientación y caracterización de los intérpretes son muy buenas. Cuenta con un elenco de actores y actrices especialmente dotados para la comedia y la imitación. Ahora bien, el hecho de que una parte significativa del repertorio interpretativo del Polonia haya desembarcado en Crossobar genera una sensación extraña. Este solapamiento televisivo transmite cierta voluntad de apropiarse del capital cómico del programa de TV3, de chuparle el alma.

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El título del programa es nefasto. Crossobar quiere ser un juego de palabras fordísimo a partir del concepto crossover, el anglicismo que designa el cruce de personajes de series diferentes dentro de un mismo universo narrativo. Como algunos de los protagonistas coinciden en un bar, que actúa como hilo conductor interno, el título fuerza esta combinación terminológica. Pero comporta una decodificación lenta que chirría, resulta decepcionante y no acaba de funcionar fonéticamente. Ese fracaso semántico no es anecdótico: anticipa el fracaso humorístico del programa entero.

La televisión es extraordinariamente agradecida por dar parodia. Tiene códigos reconocibles y populares, rituales previsibles y un repertorio de excesos que facilitan la sátira. Precisamente por eso, desconciertan unos guiones tan débiles y tan poco exitosos a la hora de trabajar el sketch. En Crossobar la parodia se queda en la superficie. Los guiones se concentran en el referente televisivo que quiere caricaturizarse, pero no saben construir la historia interna. Se confunde el sketch (que exige un recorrido narrativo con planteamiento, desarrollo y resolución) con el gag, que debe ser el detonante de la carcajada. Sin relato, el gag queda suspendido, no existe tensión ni progresión. Es como si nada acabara de pasar. Las risas enlatadas acentúan el fracaso, porque subrayan el vacío. Es una lástima, porque Crossobar dispone de los ingredientes necesarios para realizar un buen programa, pero no sabe cocinarlos. Hay conocimiento del lenguaje pero no la habilidad técnica para transformarlo en carcajada.