Estreno

El secuestro de Quini se vuelve serie tragicómica en ‘Por cien millones’

El creador Nacho G. Velilla ha recreado el caso para Movistar+

Gabriel Guevara, Nacho G. Velilla, Vito Sanz y Raúl Arévalo en 'Por cien millones'
Àlex Gutiérrezy Marc Nofuentes
25/03/2026
4 min

BarcelonaEl tópico dice que la comedia es igual a tragedia más tiempo y este jueves Movistar+ lo pondrá a prueba con el estreno de una serie que recrea uno de los hechos que encogieron el ánimo del país durante casi un mes: el rapto del jugador Enrique Castro, alias Quini. Corría el año 1981 y grupos como ETA o los Grapo recurrían a los secuestros rápidos como forma de financiarse. Pero el caso del futbolista se alejaba de este esquema, ya que los captores eran un trío de personas sin experiencia previa en el crimen, ahogados por las deudas y que no previeron todas las complicaciones –aparte de las legales– que comportaría su acción. Por cien millones revive el caso, pero desde el punto de vista de estos antihéroes, a los que los creadores aplican una mirada compasiva.

Al detrás de la serie está Nacho G. Velilla, que ha destacado por una carrera dedicada al humor costumbrista y los personajes populares, con obras como Que se mueran los feos, Aída o 7 vidas. Para recuperar aquellos hechos, ha contado con Raúl Arévalo, Vito Sanz y Gabriel Guevara para que interpreten a los tres secuestradores y Agustín Otón en el papel de Quini, el pichichi de aquella Liga que fue seleccionado como víctima por la mala fortuna de aparecer en una revista del corazón que ojeaban los delincuentes.

La acción se condensa en tres episodios de 50 minutos. El primero se centra en conocer las magras circunstancias de vida de los raptores y la preparación torpe de un golpe que claramente superaba sus capacidades, aunque su amateurismo despistó a la policía durante casi un mes. El segundo capítulo narra estos días de cautiverio y las dificultades de mantener a una persona encerrada en un agujero practicado en el taller del suegro de uno de los autores del secuestro. El episodio final muestra el juicio, durante el cual Quini renunció a las indemnizaciones fijadas por el juez y perdonó al trío protagonista, que igualmente recibió una sentencia de diez años de prisión para cada uno, a partir de las acciones penales emprendidas por el club.

Velilla se fija, sobre todo, en Alfonso, Raúl y Salva, tres hombres en paro que buscan salir de una situación económica desesperada y descubren dos cosas: que la vida no es como en las películas y que ser malo, cuando uno es de buena naturaleza, no es tan fácil como parece. Los creadores de la serie no glorifican las acciones de los secuestradores, pero sí aplican una mirada tragicómica aprovechando la distancia del tiempo. Los esfuerzos que hacen, claramente por encima de sus posibilidades, son uno de los motores de la parte cómica de la serie. En una de las escenas, por ejemplo, se muestran incapaces de arrancar el coche del astro futbolístico una vez lo capturan a la salida de casa, porque no han visto nunca cómo funciona un cambio de marchas automático.

La falta de esperanzas en una España donde la inflación se situaba en el 14% y la tasa de paro era del 11,2% está presente no solo en las motivaciones del trío protagonista, sino en el resto de los personajes que les acompañan, especialmente las familias, ajenas a la decisión que habían tomado los secuestradores para salir del agujero. Velilla retrata escenas cotidianas que no tienen nada que ver con la trama familiar, con gran profusión de tópicos costumbristas y fraseología de personajes casi lumpen, para mostrar cómo la España de la época era un país a medio hacer, lleno de gente que se estaba quedando atrás.

'Por cien millones'

Hay, también, un retrato de la época. El secuestro se produjo tan solo una semana después del golpe de estado de Antonio Tejero del 23-F. La democracia no estaba asentada y Por cien millones retrata también el secuestro como parte de la desorientación global que se vivía en la época. El título hace referencia a la cantidad de dinero que pedían los secuestradores, muy superior a la exigida en los secuestros de motivación política del momento. Con lo que no contaban, por pura ignorancia según la visión de la serie, es en las consecuencias que tendría secuestrar a una persona nada anónima y queridísima como el carismático Quini, que lideraba el equipo como máximo anotador de una Liga que parecía segura pero que el Barça acabó perdiendo cuando el club se desestabilizó con el caso.

Como resulta habitual en estas recreaciones, los responsables de la serie recuerdan que se han tomado licencias históricas para redondear las tramas y dramatizar algunas situaciones. Los nombres de los secuestradores, que no volvieron a delinquir, han sido alterados. Con todo, algunas de las localizaciones son reales, incluyendo el taller donde efectivamente Quini estuvo retenido aquellos veinticuatro días y desarrolló una relación de cierta empatía –o síndrome de Estocolmo– con los secuestradores. Y también es real una de las escenas finales, de gran poder ilustrativo sobre la nimiedad de todo ello, en que una de las hijas del secuestrador que trama el golpe se acerca al futbolista, acabado el juicio, y le pide un autógrafo, que el goleador le concede.

stats