Las fantasías sexuales de Rachel Weisz con un profesor universitario aterrizan en Netflix
La actriz estrena en la plataforma la miniserie 'Vladimir'
BarcelonaLa protagonista de Vladimir, la nueva miniserie de Netflix protagonizada por Rachel Weisz, no tiene nombre, al menos para los espectadores. Sin embargo, es lo único que los seguidores de la serie no saben del personaje, una profesora universitaria que empieza a tener fantasías sexuales con un compañero de trabajo más joven al mismo tiempo que debe gestionar la investigación por conducta inapropiada de su marido, también académico. La miniserie, que llega este viernes a la plataforma y que consta de ocho episodios de media hora, funciona casi como un monólogo interior de la protagonista, que comparte con los espectadores sus frustraciones, a menudo rompiendo la cuarta pared y dirigiéndose a ellos de forma directa.
Que John (John Slattery), el marido de la protagonista, se acuesta con todo el que puede no es una sorpresa para su mujer porque, técnicamente, tienen un matrimonio abierto, pero las ansias seductoras del marido ahora pueden tener consecuencias para sus carreras. Además, la protagonista siente que ha perdido la admiración que antes le profesaban sus estudiantes y que la comunicación con su hija va cada vez peor. Es en este contexto que aparece Vladimir Vladinski (Leo Woodall), un joven profesor, también casado, que enciende las fantasías de la protagonista, que los espectadores ven en yuxtaposición a la realidad. Vladimir es una adaptación de la novela homónima de Julia May Jonas, que también se ha encargado de hacer la traslación a la pantalla.
La ficción, ambientada en una universidad progresista de Estados Unidos, funciona como una comedia negra con una protagonista siempre a punto de descarrilar y perder el control. Sin embargo, Rachel Weisz aseguraba en una entrevista a Los Angeles Times que ella nunca se tomó la historia como una comedia porque es un género que no le acaba de encajar como intérprete (en general, su carrera ha virado más hacia el drama, aunque ha hecho proyectos con un punto de sátira como La favorita). "No sabría cómo hacer gracia –afirma–. No es mi fuerte. Era consciente de que había muchas cosas ridículas, pero la vida a menudo es tan ridícula, ¿verdad? Las cosas van muy mal en su vida con su marido y todo. Cada vez le cuesta más mantenerse serena mientras intenta hacer ver que las cosas no van mal".
La obsesión sexual de la protagonista por el compañero de trabajo también tiene una vertiente profesional, porque le permite superar el bloqueo creativo en el que está instalada desde hace quince años y volver a escribir. "A él le interesa la carrera de ella como escritora. Le hace preguntas que los demás no le hacen. Y, evidentemente, también ayuda que es extremadamente atractivo. Pero, en realidad, es su personalidad, su bondad y el hecho de que él le presta atención. Ella siente que la ve", resume Weisz.