La serie que desnuda el fenómeno de la explotación sexual en España
Se estrena en el Festival de San Sebastián 'El castillo', con Laia Marull, Raúl Arévalo y Omar Ayuso
Enviado especial a San SebastiánSegún un estudio del ministerio de Igualdad de 2024, al menos 114.576 mujeres ejercen la prostitución en España, un tercio de las cuales en Catalunya, que sería la región con más prostitutas de Europa. En el Festival de San Sebastián se ha presentado este viernes en la sección oficial El castillo, una serie de Movistar+ que trata de explicar la realidad de la prostitución a partir del boom que se produjo a finales del siglo pasado con el tráfico de personas para la explotación sexual cuando, coincidiendo con el crecimiento económico y el aumento de la inmigración, los proxenetas españoles pasaron de explotar a dos o tres mujeres a la importación masiva y salvaje de inmigrantes de países más pobres y a controlarlas a través de una deuda que se iba incrementando de manera perversa.
Creada por los guionistas Isabel Peña y Eduardo Villanueva y liderada en la dirección por Elena Martín Gimeno, El castillo divide su foco en tres ámbitos: la policía, los proxenetas y las víctimas. Omar Ayuso y Laia Marull interpretan a dos agentes de la unidad que investiga las redes de inmigración ilegal, Raúl Arévalo al proxeneta que impulsa la asociación entre diversos dueños de clubes para importar nuevas víctimas de explotación sexual, y la debutante Valentina Vidal a una de esas chicas que se marchan de Colombia en busca de oportunidades. La serie no solo da importancia a las historias personales, sino sobre todo al funcionamiento de un sistema que, como dice Peña, “representa un cambio de paradigma brutal y deshumanizador que todavía resuena en la sociedad actual”.
El castillo captura de manera admirable la desorientación de la policía y la falta de mecanismos judiciales adecuados para perseguir estos crímenes, así como los prejuicios machistas que permanecen en las instituciones del Estado. “La situación ha mejorado desde entonces gracias a la formación de los jueces y los policías y de nuevas legislaciones, pero sigue habiendo tráfico de personas, porque mientras haya consumo habrá explotación”, dice Villanueva, que apunta varias causas al elevado índice de prostitución en España: “Quizá tiene que ver con la sobreexposición del cuerpo femenino con la que creció mi generación, que somos un país muy joven democráticamente y es como si acabáramos de bajar del huerto, o al consumismo desmesurado de la España de los 90, que construía y compraba casas al mismo tiempo que consumía mujeres”.
Cómo filmar el sexo sin sexualizar a la mujer
Una de las ideas más potentes de El castillo tiene que ver con la puesta en escena del sexo. Peña y Villanueva querían pocas escenas de sexo –solo hay dos– y no sexualizar los cuerpos de las mujeres, y encontraron una aliada perfecta en una Elena Martín Gimeno que, a raíz de dirigir Creatura, había reflexionado mucho sobre la representación de la violencia sexual y estaba decidida a “no generar más imágenes de dolor contra las mujeres en el cine”. La solución que encontraron fue, directamente, representar las escenas sin filmar el cuerpo de la mujer. “No quería limitarme a enfocar la cara disociada de la mujer durante el sexo, que ya está muy visto –dice Martín–. Y me di cuenta de que a mí lo que realmente me interesa es saber qué piensa el cliente, y no lo he visto nunca. Puedo entender que ante el dolor una mujer se disocie para escapar, pero a él no lo entiendo. No sé si está sintiendo deseo, si está viendo a la otra persona o si está ignorando las señales. Así que en la serie solo lo vemos a él”. Martín fue un paso más allá y filmó estas escenas sin ninguna actriz (“yo también soy actriz, y quería ahorrarle la escena”, dice) e, incluso, hacerlo explícito en la pantalla de manera sutil pero significativa.
Raúl Arévalo firma uno de sus mejores trabajos recientes en la piel del proxeneta Suizo, un papel para el cual tuvo que ganar mucho peso. “También hay maquillaje y algunos efectos, pero Raúl se ha comprometido mucho con la serie y el personaje –señala Peña–. No solo cambió totalmente su físico sino que se rapó y moduló mucho la voz, es una transformación brutal”. Laia Marull también ofrece una actuación muy sólida y contenida; ella es la policía que más empatiza con las víctimas y, rodeada de colegas ambiciosos, acaba ocupando el centro moral de la serie a pesar de tener, en realidad, menos protagonismo que otros personajes. Peña y Villanueva se plantearon inicialmente si utilizar su personaje como referente en el ámbito policial, pero acabaron priorizando el realismo. “Era la normalidad que la mayoría de los policías fueran hombres, y hombres que no estaban acostumbrados a contemplar el universo de la prostitución con empatía”, apunta Villanueva. “Y Laia aporta a su personaje una humanidad y una calidez muy específica que mejora mucho el personaje”.
El esfuerzo de la serie por ofrecer una versión sistémica del mundo de la explotación sexual –los creadores citan The wire como uno de los referentes– y una trama de grosor y complejidad superior a la media denota una voluntad explícita de compensar años de retratos superficiales o hiperdramáticos de la prostitución en el audiovisual español. La misma Elena Martín reconoce que hasta ahora había vivido “de espaldas a esta realidad” y subraya la importancia personal que ha tenido para ella “conocer testimonios, policías, supervivientes y juezas”. Y recuerda que “el tráfico de personas sigue ocurriendo hoy en día, y no solo con la finalidad de explotar sexualmente, también por explotación laboral en muchos sectores de nuestra sociedad, desde el sector servicios a la agricultura”.