Torrente contra los críticos de cine (y gana Torrente)

Santiago Segura ha decidido que no dejará ver la última película de la saga Torrente a los periodistas de manera avanzada para que puedan cumplir la práctica habitual de explicar los estrenos de la semana habiendo visto los films en cuestión. El cineasta asegura que no lo hace por ninguna vendetta contra los críticos, sino que quiere asegurar que no se desvelen sorpresas, invitados especiales y otros (supuestos) alicientes de esta comedia de pincelada más que gruesa. Por otro lado, hay quien ve el intento de minimizar lo que probablemente serán unas reseñas negativas de la película. A nadie se le escapa que Segura juega la liga del cine popular del estirpe Pajares&Esteso; no lo veo yo rivalizando con Bergman. Por lo tanto, ni la más férrea unanimidad de críticas negativas en la prensa hará que Segura deje de vender un solo ticket en taquilla.

Malgrat eso, el gesto supone un desaire preocupante a la prensa. Y lo hace alguien que camina sobre la hoja de la navaja de la parodia: algunos verán su policía fascista como una caricatura que despoja a tan miserables personajes, pero otros lo reivindicarán como un true hero español, capaz de decir en público lo que la dictadura woke (pronúncielo uoque) ya no deja decir, como repiten cada noche en prime time los compungidísimos invitados de Pablo Motos. Segura puede hacer las películas hipócritas que quiera y estrenar como le plazca, que para eso hay libertad creativa. Ahora bien, decir que lo hace para preservar la sorpresa suena a excusa, ya que pocas horas después en las redes ya se habrá desvelado media película. Y el menosprecio a los críticos me inquieta: si se pierde la mirada profesional y prescriptiva en favor de las redes, la educación mediática puede dar un paso atrás y el cine que busca enriquecer al espectador se encontrará con menos ventanas de distribución. Viva los films de puro entretenimiento, pero que no hay que ir a ahogar a los demás.