Los aficionados al cine y incondicionales de Alfred Hitchcock encontrarán en Movistar+ un documental que conecta con el universo de Hollywood y una de las grandes películas del rey del suspense: Vértigo. Alexandre Philippe, el director del documental, lo define como una sesión de espiritismo cinematográfico sobre el cual planea el espíritu de Hitchcock. La protagonista es la actriz Kim Novak. Con noventa y tres años, siente que está en el último tramo de su vida. Nada más empezar, la cámara se desplaza suavemente por un jardín donde llega el último rayo de sol del día. La oímos con un hilo de voz y dificultades para respirar. Novak explica: “Dudo si estoy haciendo bien de grabar esto, porque no sé qué saldrá de lo que diga, de lo que quiero decir. ¿Qué quiero decir exactamente? ¿Se trata de esto? ¿De lo que quiero decir? ¿De lo que pienso? ¿De lo que siento? No sé qué se espera que sienta o que piense. [...] He sufrido mucho. Hace poco tuve una mala caída y me falta el aire. Me cuesta mantener la respiración. Quizás me equivoco. ¡Quizás vivo hasta los cien años! ¡Quién sabe! Pero ahora mismo siento que estoy muy cerca del final”. La cámara se va acercando a la puerta de una casa y penetra en el interior. La imagen se detiene sobre la voluta de madera de un sillón que nos recuerda el moño de Novak en Vértigo. Entonces, por fin, la vemos a ella, pintando un cuadro.
Un Kim Novak’s vertigo (El vértigo de Kim Novak), la actriz repasa su trayectoria en un sentido circular, como la espiral de la película. No es una biografía tradicional. Novak nos guía a través de sus pensamientos mientras revisa álbumes de fotos, vacía cajas y recupera el emblemático traje chaqueta gris que llevaba en el film. En medio de los recuerdos, van emergiendo fragmentos de películas que protagonizó o que marcaron su carrera y que sirven para ilustrar circunstancias vividas, aunque sea de manera alegórica. Recuerda los traumas de infancia, pero sobre todo hace énfasis en lo que ella llama “los fantasmas de Hollywood”. Lo explica todo con cierto misterio. Igual que en Vértigo, la actriz habla de las dificultades para conectar con su propia identidad a partir del momento en que se convirtió en estrella. En el mejor momento de su carrera, Novak abandonó Hollywood. “No quería que me pasara lo que les había pasado a otras mujeres y actrices”, confiesa. Novak expone su vulnerabilidad, pero también el valor de mantenerse fiel a sí misma y huir de todo aquello que intentaba dominarla y transformarla en algo que no la representaba.
Kim Novak’s vertigo recuerda otros documentales que se han hecho en los últimos años en los que grandes actrices, sex-symbols de la industria cinematográfica, se reapropian de su historia. Dejan de ser solo un cuerpo, un objeto, una imagen idealizada, para recuperar su voz y explicar cómo se sentían y cómo sufrieron. “No sabes cuánto agradezco no tener que ser guapa”, dice. Es un documental bonito no exento del misterio, la tristeza y la angustia que acompañaba a las dos protagonistas que interpretó en Vértigo. Pero también transmite el consuelo de la historia de una superviviente.