¿Cómo es la víctima perfecta?

El lunes, uno de los cebos que utilizaba TardeAR, el programa de Ana Rosa Quintana, era el anuncio de una exclusiva sobre la mujer que denunció a Dani Alves por violación. “Su desgarrador testimonio al completo”, proclamaban en una careta que aparecía de vez en cuando durante la emisión. A media tarde, la presentadora conectó con Mayka Navarro. “Enhorabuena por esta exclusiva de esta declaración ante el juez”, la felicitaba Quintana. Habían logrado las declaraciones de la víctima ante el juez. “La declaración te remueve por dentro”, explicaba Navarro. Tras convertir en titulares llamativos y siniestros las frases más importantes de la declaración, llegaban las dudas. Mayka Navarro apuntaba que la víctima había presentado algunas contradicciones sobre cómo accedió a entrar en el baño. Después añadió que, dado que el lavabo donde se produjo la agresión era tan pequeño, era significativo que no hubiera más lesiones en el cuerpo de la víctima. Mayka Navarro explicaba que la joven lo habría justificado diciendo que en los días posteriores a la violación le aparecieron más moratones en el cuerpo, pero que no se le ocurrió ni fotografiarlos ni comunicarlo. La periodista también ofreció a la audiencia una información sorprendente: “Nadie quiere que este juicio se celebre”. Y explicó que parecía que se podría llegar a un acuerdo de conformidad entre las partes.

Un forense que había en la mesa quiso poner énfasis en un aspecto que él consideraba importante: “Una cosa es la realidad y otra lo que cada uno recuerda”. Y añadió que “las emociones modifican todo lo que ocurre, nuestras percepciones”. Por último, el experto en sucesos concluyó que, al final, “un procedimiento judicial no deja de ser una batalla entre dos relatos”.

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La situación no puede ser más desalentadora si nos ponemos en la piel de las mujeres que deciden denunciar una violación. Incluso cuando las cámaras y el personal de la discoteca avalan, al menos, la situación de shock emocional que sufrió la chica nada más salir de ese lavabo.

Alguien filtra la declaración de la víctima a los medios de comunicación, le reprochan las contradicciones aunque los expertos en violencias machistas aseguran que son lógicas fruto del trauma, se cuestiona la insuficiencia de lesiones y marcas en el cuerpo, se afirma que no hay voluntad de que se celebre el juicio y, finalmente, un supuesto especialista viene a decir que una cosa es lo que pasa de verdad y otra muy distinta es el recuerdo que tienes de ello, porque las emociones modifican las percepciones. Como si una violación fuese una sensación subjetiva y no un hecho.

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No se trata solo de la revictimización de la denunciante en este caso. Se trata del discurso mediático que deposita más sospechas sobre las víctimas que sobre los acusados. Y el relato de que solo si te dejan trinchada tienes credibilidad. La televisión más amarilla y sin escrúpulos parece que prefiere que las víctimas estén muertas, porque, si no, no las consideran lo suficientemente perfectas ni lo suficientemente creíbles.