La violencia machista no es un espectáculo

Este lunes, Crims profundizaba en el caso del asesinato de una mujer en Parets del Vallès. El capítulo se titulaba Traición, pero era algo más grave. Carles Porta lo planteaba como un misterio: “Los Mossos sospechan de inmediato que el autor es su marido, pero los familiares de Jennifer no se lo creen porque para ellos es como un hijo más. ¿Están equivocados los Mossos? ¿O están equivocados los familiares?”. Es inimaginable que Crims trate un caso como un error de los Mossos porque alabar su labor es parte esencial de la serie. Su material y testimonios son indispensables para el programa. Se trataba de un caso de violencia machista, pero como ya ha ocurrido anteriormente en Crims, Porta no lo verbalizó. Era implícito. En todo el relato solo se pronunció una vez violencia de género, porque lo escribió el mismo asesino en una carta para fingir su inocencia y se leía el texto.

Es incomprensible que el narrador omnisciente, Carles Porta, que es la voz con autoridad en la historia, no haga hincapié ni siquiera al cerrar el programa. Es un problema social con muchas muertes cada año en nuestro país. No se puede eludir ni tratar como un caso aislado. También es negligente no incorporar a ningún especialista en violencia machista para señalar conductas y patrones. A las voces expertas en la materia no les gusta participar en emisiones que tratan el tema como un entretenimiento, pero como mínimo habría podido servir para hacer divulgación en un programa de máxima audiencia. Como televisión pública, TV3 no debería permitir esta mala praxis con la violencia machista. Solo, al acabar el programa, añadieron un letrero con el teléfono de emergencia para estos casos. Habría que arrojar luz a la oscuridad —porque es un verdadero misterio— sobre el motivo por el cual Carles Porta es tan reticente a mencionarlo explícitamente y vincularlo a un problema social estructural. También chirriaba el relato policial, poniendo más paños calientes que hechos: “Nos deja estupefactos”, “Nos quedamos espantados”, “A pesar de la emoción intentamos calmarnos un poco y bajar pulsaciones”, “Nos impactó mucho”. La policía debería limitarse a los hechos y no al drama. Y señalar también la violencia machista. Crims, además, caía en la típica imprudencia de destacar las evidencias una vez se confirma la autoría del marido. Entonces sale la hermana diciendo que era muy celoso, que siempre le controlaba el móvil, que no la dejaba salir con las amigas y que no le permitía vestirse con determinada ropa. Pero en el relato de Crims “era como un hijo más” desde el inicio. Una práctica periodística totalmente desaconsejada por los expertos. Venderlo todo junto como una traición familiar sí que daba escalofríos. En el súmmum del cinismo, Carles Porta cerró el programa subrayando que “la familia de Jennifer nos ha pedido que hiciéramos el programa para recordarla y para que su hija Noa sepa qué pasó”. Una manera de quitarse la responsabilidad y tener la barra de pintarlo como un favor a la familia. La petición no invalida el criterio profesional. La violencia machista no es un espectáculo.