Genómica forense

El CSI genético catalán que quiere acabar con el tráfico ilegal de grandes simios

Un proyecto de investigación catalán utiliza el ADN en heces para identificar el origen de los animales confiscados y dibujar las rutas del tráfico ilegal en África

Diversos chimpancés rescatados del tráfico ilegal de animales dentro de una jaula.
20/09/2026 - 07:00 h.
6 min

Las encontraron completamente sedadas en el aeropuerto de El Cairo, el pasado 2 de mayo. Las tres crías viajaban hechas un hatillo dentro de las maletas de un pasajero que volaba hacia la India. Cuando las autoridades egipcias lo interceptaron, le encontraron, además de los pequeños chimpancés, diez bolsas llenas de reptiles raros.

Todos los animales fueron trasladados al Zoo de Alejandría, donde el equipo veterinario evaluó su estado de salud. En el caso de los chimpancés, les tuvieron que administrar tratamiento para contrarrestar los efectos de la anestesia y del estrés agudo que habían sufrido.

No se sabe con certeza de dónde procedían. Seguramente, los habían secuestrado a cientos o miles de kilómetros al sur de Egipto, en algún lugar de los bosques de África central u occidental. Quizás en Camerún, en Gabón, en el Congo o en Costa de Marfil. Quizás habían pasado por varias manos antes de llegar a aquella maleta en El Cairo. A menudo, la escasa información que acompaña a un animal traficado no permite reconstruir su historia.

Si no hubieran sido confiscados en el marco de las medidas para combatir el tráfico ilegal de especies protegidas, previstas en la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES), lo más probable es que hubieran ido a parar a algún zoo ilegal de Asia o, tal vez, a casa de un particular dispuesto a pagar cientos de miles de dólares por tener una cría de animal salvaje.

A causa del comercio ilegal, cada año mueren más de 2.000 primates en la naturaleza, según datos de las Naciones Unidas: por cada cría viva capturada, pierden la vida entre cinco y diez ejemplares adultos.

"Prefieren las crías porque son más fáciles de transportar y viven más años -apunta el investigador Icrea Tomàs Marquès i Bonet, catedrático de la Universidad Pompeu Fabra-. En los países occidentales está prohibidísimo extraer animales de la naturaleza para meterlos en un zoo, pero en Asia es otra historia", lamenta el biólogo.

Genómica forense

Marquès Bonet es uno de los principales expertos mundiales en genómica y evolución de los primates. Durante su carrera se ha dedicado a estudiarlos desde el punto de vista molecular para intentar entender la biología humana y averiguar qué nos hace diferentes de estos parientes evolutivos tan cercanos. Ahora ha comenzado a aplicar, de manera pionera, la genómica forense para combatir su tráfico ilegal.

"No salvará a los grandes simios por sí sola, pero es una de las herramientas que puede contribuir a ello", afirma convencido Marquès Bonet, que ha puesto en marcha el proyecto Atlas Genómico del Tráfico de Grandes Simios (Genomic Atlas of Great Ape Trafficking). El objetivo es generar un mapa del origen geográfico de los primates robados y de las rutas que siguen los traficantes para extraerlos del continente. Esta información debería servir para trabajar con las comunidades de las regiones de extracción e intentar cortar estas rutas. A la larga, también poder devolver los animales confiscados a los lugares a los que pertenecen.

De momento, ya tiene a punto el atlas de los chimpancés, que son los grandes simios con los que más se trafica, y trabaja a contrarreloj para trazar también uno para los bonobos, los gorilas y los orangutanes. Marquès Bonet espera que los resultados se puedan presentar en un futuro en el marco del informe anual de las Naciones Unidas sobre el tráfico de grandes simios.

"Estamos trabajando con dispositivos portátiles con la idea de que, en un futuro próximo, cuando se recupere un animal, se pueda saber inmediatamente su origen y devolverlo lo antes posible, antes de que se habitúe a vivir en un entorno humano", explica el investigador. Ahora, de momento, los primates suelen acabar en santuarios, muchas veces lejos de su hábitat y de su grupo natural.

Para poder devolverlos, hace falta tecnología, de la cual ya disponen, pero también financiación; como es habitual en ciencia, el principal escollo. Hasta ahora, una fundación americana, Revive&Restore, que financia proyectos arriesgados en los que se aplica tecnología a retos de conservación, se había hecho cargo. Pero “a finales del 2026, una vez el atlas ya es una realidad, se acaba y tenemos que buscar financiación", se resigna el investigador (a través de la página web del proyecto se pueden hacer donaciones).

Una pregunta y un reto

La idea del proyecto surge de una pregunta que a Marquès Bonet le había quedado enredada en la cabeza. Durante años, le pedían de manera recurrente si era capaz de identificar, a partir del genoma de un animal, de dónde procedía. Y la respuesta era siempre la misma: no.

Porque para identificar si un animal era del lugar A o del lugar B, primero había que demostrar que los individuos de estos dos lugares eran genéticamente diferentes. Y por mucho que escudriñaba las muestras de sangre que le llegaban al laboratorio, Marquès Bonet no encontraba ninguna asociación entre la genética y el lugar de donde le decían que procedían los animales.

"Hacían falta coordenadas GPS que nos permitieran saber con precisión el origen de cada muestra", explica el investigador, al frente del grupo de genómica comparativa del Instituto de Biología Evolutiva (IBE-UPF-CSIC). Y esto no lo permitía la sangre, pero sí las heces de los animales. Una idea arriesgada, porque estudiar así la genética de los primates es extraordinariamente complejo: la mayor parte del ADN que contiene es bacteriano y solo una proporción muy pequeña procede de algunas células del intestino.

"Uno de los grandes éxitos tecnológicos que hemos tenido en mi laboratorio es averiguar cómo tratar muestras que tienen muy poco ADN de grandes simios", destaca con orgullo Marquès Bonet.

Una vez desarrollada la tecnología, analizaron miles de muestras enviadas por los 16 países africanos que, de momento, participan activamente en el proyecto, y cruzaron los resultados con las coordenadas GPS.

Así corroboraron que el lugar de origen de los primates deja una huella en su genética y fueron capaces de empezar a situarlo en un mapa. "Un chimpancé del norte de Gabón es diferente de uno del sur del mismo país", señala Marquès Bonet. La precisión depende de la zona y de la información genética disponible. En algunos casos, el sistema puede llegar a identificar áreas protegidas concretas, mientras que en otros el origen solo se puede situar dentro de una región más amplia.

Ahora, en colaboración con un grupo de las Naciones Unidas y con santuarios africanos donde llegan los animales decomisados, ya han analizado cerca de 600 muestras de chimpancés víctimas del tráfico. Han podido averiguar las zonas de donde procedían los animales y ya tienen identificados los orígenes de las muestras confiscadas.

También han analizado muestras conservadas en museos europeos de grandes simios extraídos de África durante la época colonial. Han visto que la extracción no es homogénea en todo el continente, sino que hay lugares de donde salen muchos más ejemplares. "La mayoría de los lugares de donde se extrajeron chimpancés durante la primera mitad del siglo XX, cuando eran colonias, ahora han cambiado. Pero hay dos de donde, de manera continuada, se ha extraído una cantidad extraordinaria de animales. Y deberían ser una prioridad de actuación", alerta el investigador catalán.

Implicar a las comunidades locales

Marquès Bonet tiene claro que disponer de mapas con las rutas del tráfico ilegal no pondrá fin, por sí solo, al problema. "Crearán otras nuevas cada vez que señalemos una. La solución no pasa solo por poner barreras, sino por la educación", considera el científico, que pone como ejemplo los gorilas de montaña de Ruanda, Uganda y el Congo.

Durante las décadas de 1960 y 1970, los gorilas de montaña fueron cazados para obtener trofeos y ejemplares vivos destinados a la cautividad. La captura de crías podía conllevar la muerte de otros miembros del grupo, que las protegían. A partir de las últimas décadas del siglo XX, los programas de conservación combinaron la lucha contra la caza furtiva, la protección del hábitat, la educación y la implicación de las comunidades locales. El turismo de naturaleza también empezó a generar ingresos para la conservación y las poblaciones de los alrededores. "Hay que enseñar a las comunidades locales que pueden obtener más dinero conservando a los primates y atrayendo turismo que matándolos o capturándolos para venderlos", afirma convencido Marquès Bonet. El investigador avanza que, junto con las Naciones Unidas, impulsarán programas de educación y conservación para implicar a las comunidades locales en la protección y conservación de estas especies de fauna salvaje.

"El futuro de la conservación de estas especies puede pasar por atraer a turistas que quieran pagar por ver chimpancés, gorilas y bonobos en libertad, y que ese dinero revierta en las poblaciones de la zona. Al final, es un problema socioeconómico: gente que pasa hambre y encuentra una manera de generar dinero con el tráfico de animales. Tenemos la esperanza de que, desde aquí, desde Barcelona, podremos contribuir a poner más difícil el tráfico ilegal de especies", remacha el investigador catalán.

Incentivar la ciencia local

Uno de los objetivos del proyecto es fomentar la ciencia en los países africanos que participan. "No podemos trabajar con países en desarrollo desde una óptica colonialista, sino que debemos formar equipos locales para que aprendan el proceso y se enriquezcan", resuelve Marquès Bonet.

En este sentido, este año ha acogido en su laboratorio a una estudiante del Congo, Ndelani Nkalla, que se ha formado allí y que en el futuro, en su país, hará lo mismo con otros investigadores locales. Esto ha sido posible gracias a la filántropa alemana Sabine Plattner, que tiene una fundación dedicada, entre otros objetivos, a promover el desarrollo científico del país.

El equipo también ha desarrollado un dispositivo pequeño y portable, fácil de usar, para que sean los mismos investigadores locales los que puedan analizar las muestras de heces in situ.

"Hemos entrenado a una primatóloga, Luna Cuadrado, que antes no había hecho biología molecular aquí, en el IBE. Ahora ha vuelto a África. La idea del proyecto, si conseguimos financiación, es enviar aparatos de secuenciación, que son como pequeños USB, con tutoriales para que los investigadores locales puedan realizar de manera rutinaria el testeo de los animales confiscados".

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