Una serp invasora importada está exterminando la emblemática lagartija de las Pitiusas

La culebra de herradura, una serpiente procedente de la Península, ha abocado esta especie al umbral de la extinción

15/05/2026

Mucho más que una especie endémica, la lagartija de las Pitiusas (Podarcis pityusensis),que habita en Ibiza y Formentera y los islotes circundantes desde hace milenios, es un símbolo vivo cultural e identitario, además de una pieza clave de los ecosistemas insulares. Y, sin embargo, se está borrando del territorio. De hecho, la situación en que se encuentra es tan crítica que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN)) la ha colocado en su lista roja en la categoría deen peligro de extinción.El motivo de esta situación extrema es que una serpiente invasora, la culebra de herradura (Hemorrhois hippocrepis), que llegó escondida en olivos ornamentales importados de la Península y el norte de África en los años 2000, se ha expandido ya por el 90% del territorio de Ibiza, y se está comiendo la mayoría de ejemplares de lagartija. Ahora, además, y de manera preocupante, la serpiente ha dado el salto a Formentera y a muchos de los cerca de 40 islotes del alrededor, donde habitan poblaciones únicas de este pequeño saurio.

Un equipo de investigadores del CREAF, liderados por Oriol Lapiedra y que monitorizan esta invasión en tiempo real desde hace seis años, han documentado por primera vez cómo la culebra de herradura es capaz de nadar por el mar distancias de medio kilómetro o más, para llegar a los islotes. “Es un comportamiento nuevo, que no se había observado nunca en esta especie de serpiente ni en casi ningún otro caso en todo el mundo”, indica a ARA Lapiedra, autor principal del trabajo, publicado en la revista Ecology.Por este motivo, “hasta ahora se consideraba poco probable que una serpiente colonizase activamente otros territorios nadando”, añade el investigador. Por ello, cuando comenzaron a encontrarla en los islotes lo atribuyeron a introducciones accidentales vinculadas a embarcaciones o transporte humano. Sin embargo, en los últimos años han recopilado vídeos y fotografías, así como testimonios que corroboran que estos ofidios nadan en mar abierto y son capaces de llegar allí por ellos mismos.

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“Seguramente, lo que las mueve es la gana”, considera Lapiedra. Una vez la culebra de herradura acaba con las poblaciones de lagartijas, pero también de otros pequeños mamíferos como ratones, musarañas o murciélagos del territorio, avanza buscando comer y es probable que llegue a la costa y, como flota, motivada por estímulos químicos como olores o simplemente visuales, decida moverse por el agua hasta llegar a los islotes. “Hemos podido captar un patrón de la invasión: a medida que hay más serpientes durante más años, el impacto que generan es mayor”, asegura Lapiedra. En este sentido, hace 10 años, el tiempo que pasaba desde que una serpiente llegaba a una zona concreta y extinguía la lagartija era de unos 8 años. Los últimos dos años, se ha acortado mucho este tiempo y, en el caso de los islotes, pueden tardar solo meses en extirpar toda la población de lagartijas pitiusas.

Un emblema y pieza clave del ecosistema

Esta especie de lagartos ya habitaba las islas antes de la llegada de los humanos. Es el único vertebrado terrestre endémico balear. Y como no tenía competidores ni depredadores, presentaba unas densidades muy elevadas y había perdido toda la capacidad de responder de manera efectiva a las amenazas. También había adquirido un rol fundamental en el ecosistema: no tan solo poliniza la mayoría de las flores, sino que también controla plagas al alimentarse de insectos y dispersa semillas.

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Como han evolucionado repartidas por las islas e islotes de manera independiente, pertenecen a diferentes linajes evolutivos y presentan unas coloraciones únicas en cada zona fruto de la adaptación a los diferentes hábitats. De hecho, es una de las especies animales que más variaciones de color tienen en todo el mundo, desde tonos verdes hasta marrones, azules, grises o anaranjados, hecho que suscita mucho interés entre la comunidad científica. De momento, según han podido constatar los investigadores, en 10 islotes, como los de Santa Eulalia y s'Ora, ya se han extinguido.

La culebra de herradura comenzó a establecerse en regiones concretas de la isla a causa de la acción humana hace dos décadas, y entre 2010 y 2015 inició una expansión sin freno. Sin competidores ni depredadores, se encontró con una gran abundancia de comida. "Es como si hubieran llegado a un buffet libre", dice Lapiedra. De hecho, el equipo del CREAF ha elaborado un mapa de la expansión de la serpiente que muestra que en 2010 estaba presente en menos de un 5% del territorio ibicenco, en 2016 ya se encontraba en un 40% de la isla y, finalmente, en 2025 se había expandido por el 90%. Cuando conquista una nueva zona, puede tardar menos de tres años en extirpar toda la población de lagartijas. A medida que se acaba la comida, la culebra de herradura se va desplazando. “Están tan bien alimentadas que hemos llegado a capturar ejemplares de metro y medio y de dos metros, un 200% más grandes que las que encontramos en la Península”, subraya el investigador del CREAF.

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Con el fin de salvar la lagartija de las Pitiusas, están en marcha diversas iniciativas, que cuentan con mucho apoyo de la ciudadanía, para capturar estas serpientes, que no son venenosas, a través de la dispersión de trampas. Así ya se han capturado más de 3.500. En paralelo, se ha establecido un programa de cría ex situ en colaboración con el Zoo de Barcelona. Lapiedra y su equipo seleccionaron 17 ejemplares sanos y genéticamente diversos, 10 de Ibiza y 7 de Formentera, que se llevaron al zoológico. De momento, ya han nacido 12 lagartijas de cinco puestas diferentes. Dado el éxito, está previsto trasladar 33 nuevos ejemplares más para continuar con la cría. Además, se ha empezado a instalar una pequeña red de recintos en Ibiza para mantener a las lagartijas a salvo de las serpientes. Mientras tanto, los investigadores estudiarán la viabilidad de reintroducir poblaciones de lagartijas con una densidad baja de serpientes.