Los precedentes del Niño: ¿tiene tanto impacto como se cree?
Los últimos años hemos vivido récords de calor en todo el mundo y una sequía histórica en Cataluña
BarcelonaLos últimos precedentes de episodios del Niño fuertes o muy fuertes dejaron datos preocupantes que se vieron extremados por la influencia del calentamiento global. El super-Niño del 2015-2016 fue el más potente que se recuerda, con un índice de calentamiento oceánico de más de 2,5 ºC. Un hecho extraordinario que contribuyó a que el 2016 fuera el año más cálido registrado hasta entonces a escala mundial.
El último tuvo lugar en 2023-2024. Aunque fue menos intenso que el anterior, sus efectos superaron las previsiones de los expertos, especialmente a causa del incremento imparable de la temperatura mundial en los últimos años. El resultado fue que el planeta encadenó 15 meses consecutivos batiendo récords de calor, y el 2024 se convirtió en el año más cálido registrado jamás en el mundo y en el primero en superar los fatídicos 1,5 ºC de calentamiento por encima de los valores preindustriales. Los Niños de los años 1982-1983 y 1997-1998 también fueron potentes.
El Niño y la Niña pueden influir en las cosechas agrícolas, la pesca, la disponibilidad de agua, los huracanes, e incluso en la economía de muchos países. De hecho, la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA) calcula que durante el próximo Niño habrá menos huracanes en el Atlántico y más ciclones en el Pacífico por los cambios de la dirección y la velocidad de los vientos atmosféricos.
Y, fijándonos en Cataluña, ¿hay alguna relación entre los períodos recientes del Niño con los picos de calor y las sequías que hemos tenido en los últimos años? Según Vicent Altava, técnico del área de investigación aplicada y modelización del Meteocat, el gran super-Niño del 2015-2016 resultó en “una gran sequía entre el 2016 y el 2018 en algunas zonas como el Pirineo oriental y especialmente en el Ebro, donde localmente fue incluso más fuerte que la última que hemos vivido”. Los potentes Niños de los años ochenta y noventa también generaron sequías, en nuestro país.
Pero la cosa cambia si miramos los últimos 4 años –los más cálidos de la historia– y la gran sequía reciente. El año más cálido registrado jamás en Cataluña fue el 2022, antes de que se produjera el último Niño y, de hecho, cuando todavía estábamos inmersos en el episodio de la Niña. Además, los peores años de la sequía fueron el 2022 y el 2023, mientras que en 2024 se volvió a encender el grifo de las lluvias, cuando en principio nos debían llegar los efectos del Niño.
Por lo tanto, el año más cálido y el pico de la última sequía no han coincidido exactamente con el Niño, cosa que se explica sobre todo porque el Mediterráneo es de las zonas del mundo que más se calientan, y los últimos años ya está viviendo una extraordinaria subida de temperaturas. “La última gran sequía empezó con fases todavía de la Niña, y esto demuestra que, con los patrones actuales, ya no está tan clara la relación entre el Niño y las sequías en el Mediterráneo”, asegura Altava.
“Si este año se cumplen las previsiones y volvemos a tener un verano muy cálido en Cataluña, aún no tendrá que ver con el Niño”, recuerda el experto. La crisis climática nos aboca a un mundo desconocido. Altava destaca que se trabaja en una teoría mundial que apunta que en las próximas décadas podríamos tener más años de Niña que de Niño. “El trabajo del sistema climático es contrarrestar las anomalías con respecto a la temperatura planetaria, y si este sistema se calienta, el principal mecanismo de enfriamiento es la Niña”, afirma. De momento, la última Niña ya duró tres años, un hecho excepcional.
Los ecosistemas actuales, amenazados
La última sequía ha provocado la muerte del 28% de los árboles de los bosques catalanes. El calor cada vez más intenso y los fenómenos extremos están afectando de lleno el día a día de las personas –sobre todo durante el verano–, pero también han comenzado a provocar cambios en los ecosistemas autóctonos del país. Unas condiciones que pueden verse agravadas en episodios intensos del Niño, también con incendios forestales más feroces.
“Si el clima cada vez es más árido, veremos cómo nuestros bosques pierden verdor y desaparecen especies por el camino”, explica Jordina Belmonte, bióloga y coordinadora de la Red Aerobiológica de Cataluña. Belmonte destaca que la última sequía ha demostrado que los pinos –una especie clásica del clima mediterráneo– no soportan bien estos extremos y mueren fácilmente.
Los robles y las hayas también se reducirán y se concentrarán en zonas más elevadas, ya que son más sensibles al déficit hídrico y al calor extremo, al igual que los abedules y algunas hierbas. En cambio, la bióloga destaca las encinas como una especie que puede resistir más el impacto de la crisis climática, así como algunos arbustos que han proliferado en los últimos años.
Belmonte ve inevitable que en los próximos años especies nuevas se instalen en nuestro país en sustitución de las autóctonas. “Tendremos que ir a buscar plantas que ahora viven en zonas más secas y cálidas –y que tienen más capacidad de supervivencia–, como las Canarias o el norte de África”, afirma la bióloga, que destaca que el calor avanzado e intenso también provoca un adelanto de la polinización y puede “dejar tocado” el fruto de muchas especies.
En el caso de los animales, también sufren los efectos de estos fenómenos extremos. Según explica Jaume Fatjó, veterinario y director de la cátedra Fundación Affinity Animales y Salud de la Universitat Autònoma de Barcelona, el calor extremo es uno de los factores que más afectan el comportamiento y la salud de muchas especies. El experto dice: "Cuando hace mucho calor, la actividad de los animales baja mucho y comen menos. Los ecosistemas están diseñados para funcionar dentro de unos márgenes de temperatura y lluvia, y si estos patrones se alteran mucho, el sistema empieza a dejar de funcionar y podemos ver cómo algunas especies empiezan a tener problemas para sobrevivir”, concluye.