Dossier: El Niño

Trump quiere liquidar la investigación climática desmantelando las agencias que estudian fenómenos como el Niño

La Casa Blanca vuelve a intentar recortar todos los programas de estudio de la Tierra de la NOAA y la NASA, cruciales para la comunidad científica internacional

Una imagen tomada desde la Estación Espacial Internacional muestra el huracán Ida, una tormenta de categoría 4, mientras se acerca a la costa de Luisiana.
12/05/2026
5 min

BarcelonaEn mayo del año pasado, los trabajadores del Laboratorio Goddard de la NASA recibieron la orden de ir a casa a trabajar de forma remota. El gobierno de Trump rescindía el alquiler del edificio donde desde los años 60 este instituto ha liderado la investigación climática y sobre la Tierra de la agencia espacial norteamericana. Era un intento de desmantelar el centro, que precedía la amenaza de cierre total propuesta por la Casa Blanca en su presupuesto para la NASA del año pasado. Por suerte, el Congreso frenó aquella retallada masiva de fondos. Pero eso no impidió que la purga del departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) liderada por Elon Musk se ensañara con el programa de ciencias de la Tierra de la NASA y con otras agencias científicas de los EE. UU. que son cruciales para la investigación climática global.

retroceder décadas nuestra capacidad de predecir qué pasará"Esto haría retroceder décadas nuestra capacidad de predecir qué pasará a causa del cambio climático", asegura Marc Alessi, investigador del Union of Concerned Scientists (UCS) de los Estados Unidos. Perder los datos que nos aportan estos centros de investigación de la NOAA y la NASA, con series que se remontan décadas atrás, "afectaría drásticamente la capacidad de predecir los fenómenos meteorológicos y también los climáticos no solo para los Estados Unidos sino también para cualquier agencia meteorológica del mundo", remarca. Con todo, el investigador confía en que el Congreso vuelva a torcer los planes de la Casa Blanca, como hizo el año pasado, y explica que los miembros del Partido Republicano de Trump "permiten que el ataque a la ciencia continúe en público, pero a puerta cerrada están haciendo cosas para protegerla".

Pero las acciones del gobierno de Trump ya se están dejando sentir en la investigación climática. "El Congreso está rechazando los recortes propuestos por el presidente, pero la agencia que distribuye los fondos es gestionada a través de la rama ejecutiva, con la Oficina de Gestión y Presupuesto, y hemos visto que han estado retrasando la liberación de algunos de los fondos aprobados por el Congreso, a pesar de que esto es ilegal", explica Alessi.

Hace solo dos semanas, Trump despidió a los 20 científicos independientes que formaban el consejo asesor de la National Science Foundation, otro organismo que propone recortar en su propuesta de presupuesto. La NSF financia diversos centros de investigación, como el National Center for Atmospheric Research (NCAR), instituto capital para la predicción climática a escala global, ya que cuenta con uno de los supercomputadores más potentes del mundo y aporta datos fundamentales para los informes del IPCC, los científicos climáticos de la ONU.

De hecho, desde enero de 2026 los Estados Unidos ya no participan oficialmente ni en el IPCC (eran el 18% del total) ni en su homólogo para la biodiversidad IPBES, después de que Trump retirara su país de decenas de foros globales. Además, el presupuesto que debate el Congreso también propone reducir a la mitad el presupuesto de la Agencia de Protección Medioambiental (EPA, por sus siglas en inglés), que ya ha perdido también 4.000 trabajadores en el último año y ha hecho un giro copernicano a sus prioridades: ha revocado incluso la obligación de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Trump acusa la ciencia de "ideología" y se impone la censura

Trump justifica todos estos recortes acusando a estos centros científicos, incluyéndolos la NOAA y el Programa de la Tierra de la NASA, de hacer investigación "sesgada ideológicamente" y de exagerar la amenaza de la emergencia climática. Y esto ha provocado que, ahora mismo, los científicos norteamericanos directamente no puedan usar la palabra clima o cambio climático en sus informes. "Definitivamente, hay cierto nivel de censura. Si quieres financiación federal para tu investigación, una regla no escrita es no escribir cambio climático en la petición, y esto es porque el gobierno está tan financiado por empresas de combustibles fósiles que no quieren que la investigación se lleve a cabo", admite Alessi.

"Para evitar la palabra clima tienen que escribir meteorología extendida o evolución del sistema terrestre", explica también Francisco Doblas, profesor Icrea y director del departamento de ciencias de la Tierra del Barcelona Supercomputing Center. Doblas forma parte del IPCC y trabaja en red con colegas de otros supercomputadores como el del NCAR. Según él, el gobierno norteamericano amenaza con redirigir el supercomputador del NCAR "para otros usos que no sean los del clima", de manera que se perderían datos valiosísimos.

Pero más aún que los datos de predicción, una de las principales pérdidas para la ciencia internacional si se consumen los recortes de Trump son los sistemas de observación de la Tierra. Todos los expertos consultados coinciden en que uno de los riesgos más grandes es la posible pérdida de los datos de observación oceánica que aporta el programa ARGO, financiado también por la NSF y con colaboración de la NOAA. Son datos que miden cambios en el fondo oceánico a través de boyas que en buena parte aportan los Estados Unidos.

"Que desaparecieran los datos de todos los satélites de los Estados Unidos (que provienen principalmente de la NASA) tendría un impacto muy importante, pero no pararíamos, porque ahora mismo en Europa tenemos recursos propios suficientes para sobrevivir a este impacto, pero sin los datos oceánicos sí que nos quedaríamos ciegos en una parte del mundo que es fundamental para el estudio del cambio climático, como son los océanos", admite el director del programa de Cambio Climático de Copernicus, Carlo Buontempo.

Buontempo explica que hay conversaciones dentro de las instituciones europeas "para intentar minimizar las consecuencias negativas" que podría suponer una pérdida de datos científicos cruciales que llegan desde los Estados Unidos, también en lo que respecta a las emisiones de CO₂, como las que monitoriza la estación de observación norteamericana de Mauna Loa. Sin embargo, asegura que hasta ahora no se ha notado falta de datos de los Estados Unidos, tampoco en la predicción del Niño, aunque la preocupación es que en el futuro se pueda hacer el mismo seguimiento que se ha hecho hasta ahora.

A la espera de ver si el Congreso puede volver a frenar la ofensiva de Trump contra la ciencia climática, los científicos norteamericanos y su tecnología continúan funcionando, aunque con un perfil público mucho más bajo y en un ambiente muy desfavorable. "Hemos notado el impacto sobre todo en los servicios meteorológicos de los Estados Unidos, que han perdido tanta gente que no han podido lanzar globos meteorológicos a la atmósfera", explica el norteamericano Alessi. Preocupa especialmente la capacidad de predecir huracanes en los Estados Unidos, que se ha visto mermada con los recortes de personal en la NOAA. A escala global, sin embargo, todos los países continúan haciendo el trabajo: Europa, Canadá, Japón, pero también China e incluso Arabia Saudita, continúan comprometidos con la investigación climática internacional. Solo eso ya dice mucho del camino que ha cogido el país que hasta hace solo dos años era líder también en este campo.

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