Consultorio empresarial

Cómo abordar un despido

Alexandra Masó explica cómo debe encarar el empresario la salida de un trabajador

Me temo que pronto tendré que despedir a una persona de la empresa por la caída de resultados. ¿Me podrías dar algún consejo sobre cómo hacerlo bien dentro de lo posible? (Ona, Tarragona)

— Despedir es un plato de mal gusto para todos, sobre todo cuando el motivo es la falta de rentabilidad. Es necesario que te prepares para los tres estadios de un despido; el pre-, el durante y el post-despido. El predespido es el momento de estructurarlo. Aquí la gestoría juega un papel primordial, ya que se encarga de preparar toda la documentación y de orientarnos. Si el despido es difícil (la persona lleva muchos años en la empresa o el convenio es complejo) también es importante contar con una asesoría laboral y fiscal. Aunque nos suponga un gasto ahora, es importante para evitarnos sustos más adelante.

El durante, o cómo gestionar el despido. Prepárate el discurso. Improvisar, sobre todo cuando las emociones están a flor de piel, es una mala idea. Por tanto; ¿qué quieres que quede claro del despido? ¿Cómo rebatarás los posibles contraargumentos? En el momento de iniciar las conversaciones de despido, debes tener claras y grabadas en la mente de tres a cinco frases que sean tus puntales de discurso, para repetirlas tantas veces como sea necesario, y así cerrar la relación laboral con claridad y evitando discusiones estériles.

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Por último, el post-despido o momento de adaptación. En una empresa se realizan dos tipos de tareas; las vitales, que sirven para alcanzar los objetivos, y las funcionales, que nos ayudan a llegar a los objetivos de forma más cómoda. Cuando despidas a una persona por necesidades financieras, hay que pensar en cómo absorberemos las tareas vitales que se dejarán de realizar. Si por ejemplo, somos una imprenta y nuestro objetivo es conseguir más proyectos, las tareas de contacto de nuevos clientes las debe absorber otra persona, pero escanear las facturas recibidas se puede dejar de hacer. Separa las tareas vitales de las funcionales y asegúrate de mantener las primeras en funcionamiento. Una vez repartidos, puedes volver a implementar las funcionales.

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