La amnistía se abre camino por encima del ruido y las amenazas

El debate de la toma en consideración de la ley de amnistía en el Congreso ha estado marcado, quiera o no el señor Alberto Núñez Feijóo, por las amenazas directas del líder de la extrema derecha, Santiago Abascal, al presidente del gobierno español, Pedro Sánchez. Por eso todos los intentos de Feijóo de presentarse como un defensor de la democracia contra la arbitrariedad de los socialistas han chocado con el muro de una realidad mucho más oscura: la amenaza a la democracia no proviene de una ley de amnistía que sólo pretende situar en igualdad de condiciones todas las opciones políticas, sino de una extrema derecha que está socavando los cimientos de la convivencia y que busca de manera descarada un atajo para acceder al poder al margen de los procedimientos electorales.

En efecto , la ley de amnistía es una solución excepcional para una situación también excepcional como la que se produjo en 2017 y que acabó con cientos de procesados ​​y un enorme sufrimiento a una parte de la población. Se puede estar de acuerdo o no con la forma en que los líderes independentistas condujeron aquella crisis, pero lo que es evidente es que no pasó nada tan grave para que alguien tuviera que ingresar en prisión o marcharse al exilio. Y menos cuando se trata de personas más o menos anónimas o cuadros de partidos. No aprobar la amnistía habría condenado a Catalunya (y España) a años, y quizá décadas, de inestabilidad y tensión. de salir adelante es poner el contador a cero. La sesión de este martes no ha sido la más triste del Congreso desde la del 23-F, como ha insistido Feijóo, por el simple motivo de que ahora se intenta poner fin a una serie de situaciones personales altamente injustas. Sólo hay que pensar en el calvario que han sufrido y sufren las personas embargadas por el Tribunal de Cuentas, éste sí arbitrario y altamente politizado.

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La sesión de este martes también ha servido para mostrar la grieta cada vez mayor que se está abriendo entre Vox y el PP y que augura tensiones internas en muchos de los gobiernos autonómicos y municipales que comparten. El problema ahora no lo tiene Sánchez ni el PSOE, sino el PP, que debe elegir si sigue las tesis de Abascal y argumenta que estamos ante un golpe de estado, con todo lo que esto comporta de peligro de violencia en el calle, o bien se desmarca y mantiene su oposición a la amnistía dentro de los márgenes de la democracia parlamentaria. Sin embargo, todo indica que el propio PP está fuertemente dividido sobre esta cuestión, con un ala ayusista dispuesta a ir de la mano de Vox y una morenista (por Juanma Moreno) que prefiere tener una buena relación institucional con el gobierno del Estado .

La buena noticia es que la amnistía se abre camino a pesar del ruido y las amenazas de la derecha, y que el bloque que debe hacerlo posible no muestra síntomas de dejarse intimidar, al contrario. Sin embargo, la oposición de la magistratura puede ser, a la hora de la verdad, mucho más efectiva que la del PP y Vox para frenar la amnistía.