¿Quizás debemos preocuparnos más por aprender matemáticas?

El famoso informe PISA sobre competencias escolares en los países de la OCDE, que supuso un cubo de agua fría para la escuela catalana, sigue ofreciendo alguna sorpresa y más información complementaria más allá de los resultados en sí. En la edición de 2022, los expertos incluyeron preguntas a los alumnos para intentar calcular el grado de ansiedad que les provocaban las clases de matemáticas, y resultó que los estudiantes catalanes son los que tienen menos estrés ante esta materia de Estado, pese a obtener unos resultados inferiores a la media y haber sufrido una fuerte bajada. En efecto, en Cataluña sólo un 21% de los alumnos dicen sentir ansiedad ante las matemáticas, frente al 37% de la media española. Un 39% de los alumnos castellano-leoneses, que tienen la mejor nota en matemáticas, sienten ansiedad ante el aprendizaje de las matemáticas, casi el doble, lo que hace pensar que quizá sea bueno tener un cierto nivel de preocupación o estrés para mejorar los resultados.

Los expertos no se acaban de poner de acuerdo, porque hay datos de todos los colores y no se puede establecer una relación directa entre un fenómeno y otro, y de hecho la ansiedad que sienten los alumnos catalanes es superior a la media de la UE y la OCDE, que se sitúa en el 17%. Pero sería especialmente peligroso que este indicador fuera una pista que se está rebajando tanto el nivel de exigencia, o que simplemente hay demasiado miedo a forzar la máquina con los alumnos, que finalmente se está renunciando de forma tácita a mejorar los resultados . En cualquier caso, la reflexión general sobre el sistema educativo también debe incluir todas estas variables que ofrece el informe PISA, ya que no se trata sólo de aumentar las horas lectivas o reducir las ratios sino de pensar bien cómo se enseñan las matemáticas y otras materias. Porque la paradoja es que, además de ser los alumnos del Estado a los que las matemáticas les producen menos ansiedad, resulta que los catalanes también son los que más seguros se muestran (índice de autoeficacia), aunque después los resultados no acompañen esta autoconfianza.

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Las matemáticas siempre han tenido un grado de dificultad superior al del resto de materias y han supuesto un reto, cuando no una pequeña pesadilla, para todos los que hemos pasado por la escuela. Se trata de buscar el equilibrio entre hacer atractiva e interesante la asignatura y obtener los resultados adecuados, sin provocar bloqueo alguno en el estudiante. Esto es fácil de decir y difícil de poner en práctica, pero lo que es evidente es que algo debe hacerse si se quieren revertir los malos resultados de los últimos años. Porque si hay algo práctico para la vida moderna es tener una buena base matemática, que te permita tanto autogestionarte económicamente como resolver problemas en multitud de trabajos o adentrarte en el mundo de los estudios científicos. Comprensión lectora y capacidad matemática deben ir de la mano si queremos formar ciudadanos preparados en un país que debe aspirar a ser de primera división y no de tercera.