Embarazo

"Una doctora nos dijo: «Os ha tocado una mala lotería. Si la niña nace, puede tener todo tipo de problemas»"

Durante su primer embarazo, Laia Pastor sufrió preeclampsia, una de las patologías que centrará La Marató de TV3 de este año, dedicada a la salud sexual y reproductiva

BarcelonaTenía 28 años y sobre el papel era una mujer joven y sana que estaba esperando a su primera criatura. Pero, poco antes de la semana 24 de gestación, Laia Pastor empezó a notar que algo no iba bien: se había hinchado, tenía dolor de cabeza y la visión un poco extraña. "Estaba embarazada, era agosto y todo el mundo decía que era normal. Mi marido y yo nos dimos un hartón de caminar por la playa para que la hinchazón bajara", explica Laia. La situación no mejoraba y en la siguiente revisión Laia tenía la tensión arterial muy alta. Sufría preeclampsia, que causa presión arterial alta (hipertensión) y pérdida de proteínas por la orina, con riesgo para la vida de la madre y del bebé, una de las patologías que centrará La Marató de TV3, que este año se celebra el 17 de diciembre y está dedicada a la salud sexual y reproductiva.

Tras comprobar que la situación era grave, el médico la derivó rápidamente a urgencias del hospital, donde ya le estaban esperando. Le suministraron una inyección para acelerar la maduración pulmonar del bebé por si debían adelantar el parto y se quedó ingresada durante una semana en una clínica privada, donde ya le avanzaron que no sabían si el embarazo tendría un final feliz o no. "Incluso una doctora, con bastante poco tacto, nos dijo: «Os ha tocado una lotería mala. Si la niña nace, puede que sea ciega o tenga todo tipo de problemas»", recuerda Laia.

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Las pocas esperanzas que tenían Laia y su marido, Jordi, empezaron a remontar cuando les trasladaron al Hospital Joan XXIII. "Allí nos dieron la vuelta a la tortilla y nos dijeron que la salvarían. Me controlaban el riñón cada día, porque la preeclampsia puede dañar también los órganos y eso era lo que querían evitar", explica Laia. Una semana después de entrar en el hospital, en la semana 26 de embarazo, Laia dio a luz, vía cesárea, a su hija, Mariona, pero el parto no era el final del sufrimiento, sino el inicio, porque Mariona pesaba 770 gramos y estaba entre la vida y la muerte. "Nos dijeron que sería una carrera de fondo, un paso adelante y tres atrás. Por el camino perdimos a muchos compañeros de incubadora", dice Laia.

Mariona estuvo tres meses en el hospital y durante ese tiempo sus padres vivieron una montaña rusa emocional que, entre otras cosas, provocó que en los primeros días Laia no quisiera conocer a su hija. "Cuando regresé a casa después del parto, la gente venía a verme y me traía flores y yo decía «¿Pero qué hacen? Si esta niña tal vez muera»", confiesa. La coraza de protección que se había construido cayó después de ver por primera vez a la niña: "Ya no me separé de ella".

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Tanto Laia como Jordi admiten que son pocas las personas que comparten las experiencias de partes complicados y que, a veces, acaban mal. En su caso pudieron llevarse a Mariona a casa, pero eso no quiere decir que hayan olvidado o escondan todo lo que pasaron. Lo comparten siempre que pueden –también en La Marató– porque quieren evitar que otras parejas pasen por su trance: no sabían qué era la preeclampsia ni qué consecuencias podía tener para su hija. Laia insiste en la necesidad de que haya información al alcance de todos y piensa en el futuro de Mariona. "Si un día quiere ser madre, yo he de advertirle, porque la preeclampsia puede tener un factor hereditario. Necesitamos que haya investigación para que el día de mañana Mariona sepa qué puede hacer para que no le pase a ella", remarca. . La preeclampsia afecta entre el 2% y el 8% de todos los embarazos.

El miedo a tener un segundo hijo

Pese a las predicciones más malas, Laia y Jordi cuentan con alegría que Mariona ahora es una niña sana. El nacimiento prematuro le ha afectado la vista –tiene seis dioptrías en cada ojo, pero en un futuro se podría operar– y es algo menor que los niños y niñas de su edad, pero más allá de eso vive una vida feliz y activa. "Yo siempre le digo: «Shakira mide metro y medio y mira dónde está»", añade Laia.

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Jordi y Laia confiesan que la experiencia tuvo un impacto psicológico en ellos, que se manifestó cuando se plantearon si ampliar o no la familia. Ella quería, él no. "Preguntamos a muchos médicos qué probabilidad había de que volviera a ocurrir lo mismo y había entre un 33% y un 50%. La valiente fue ella, que quiso salir adelante", recuerda Jordi, mientras Laia añade: "Él veía el vaso medio vacío, y yo lo veía medio lleno". Tuvieron su segundo hijo, Guillem, cinco años después de que naciera Mariona, el segundo embarazo de Laia no tuvo complicaciones: le dieron la baja a la semana doce y le recetaron aspirina infantil como prevención: "Podría haberme vuelto a pasar, pero no me pasó", dice aliviada, aunque admite que hay mujeres que no tienen la misma suerte.

Cuando repasan su historia, Jordi rebate la opinión de aquella doctora que les pintó un futuro negro y dice que con Mariona les tocó "la lotería buena".

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