El fútbol provoca lesiones infantiles más graves que los castillos
Un estudio de la URV concluye que la canalla castellera acumula más incidentes, pero se recuperan antes
TarragonaDurante años, cada vez que una enxaneta corona una construcción humana ante miles de personas reaparece el debate sobre la seguridad de los castells. La imagen de niños a varios metros de altura continúa generando admiración, pero también recelo entre aquellos que ven esta práctica como una actividad especialmente peligrosa. Ahora, un estudio elaborado por investigadores de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universitat Rovira i Virgili (URV) y la Red Santa Tecla aporta datos que cuestionan esta percepción negativa.
La investigación, desarrollada a lo largo de dos temporadas, ha comparado las lesiones de la canalla castellera con las del fútbol base, una de las actividades deportivas infantiles más extendidas del país. Las conclusiones ofrecen una mirada mucho más matizada sobre el riesgo real que asumen los niños en ambas prácticas. El estudio ha analizado un total de 2.176 niños de entre 5 y 14 años: 935 integrantes del pom de dalt de diversas collas castelleras y 1.241 futbolistas federados.
El trabajo, liderado por Manel González Peris, Marta Romeu y Montse Giralt, concluye que la frecuencia de incidentes es más elevada en el mundo casteller. Un 17,5% de los niños castellers tuvo algún tipo de lesión durante el período estudiado, frente al 9,7% registrado en el fútbol. Aun así, cuando se analizó la gravedad de las lesiones, el panorama cambió considerablemente.
Los futbolistas infantiles presentaron bajas más largas y lesiones con más impacto físico. De media, cada incidente en el fútbol comportó 4,01 días de baja, mientras que en los castells la cifra se situó en 2,30 días. La diferencia también se hace evidente en el tipo de lesiones. En el fútbol predominan los esguinces y las afectaciones musculares, especialmente en las piernas, que concentran cerca del 70% de los casos. En cambio, dentro de la actividad castellera, casi tres de cada cuatro lesiones son contusiones leves, golpes de poca gravedad y de recuperación rápida.
La exposición y los entrenamientos
Para obtener una comparación más precisa, el estudio aplicó el indicador internacional de días de baja por cada 1.000 horas de actividad. Esta metodología permite tener en cuenta que los castellers dedican más horas anuales a los ensayos que los futbolistas a los entrenamientos. Según este criterio, el fútbol registra 29,97 días de baja por cada 1.000 horas de actividad. En los castells, la cifra baja hasta los 13,23 días. Los investigadores señalan que, a pesar del impacto visual de las construcciones humanas, la práctica castellera infantil muestra una incidencia de lesiones graves relativamente baja.
Otro de los aspectos que el estudio pone sobre la mesa es el momento en que se producen las lesiones. En los castells, el riesgo se concentra principalmente durante las actuaciones, donde tienen lugar el 84,1% de los incidentes. Esto refuerza la idea de que los ensayos, con protocolos de seguridad consolidados y redes de protección, son espacios especialmente controlados. En el fútbol, en cambio, las lesiones se reparten de forma más homogénea: más de la mitad se producen durante los entrenamientos, lo que evidencia una exposición constante al riesgo a lo largo de toda la semana deportiva.
El casco es imprescindible
A pesar de estas conclusiones, los autores insisten en que la prevención continúa siendo clave. En este sentido, el estudio –que cuenta con el apoyo de la Cátedra URV para el Estudio del Hecho Casteller, la Coordinadora de Collas Castelleras de Catalunya y la Mutualidad de Futbolistas de Catalunya– avala claramente el uso del casco casteller. Los traumatismos craneoencefálicos representan un 5,6% de las lesiones registradas y los expertos consideran que esta protección continúa siendo imprescindible para reducir aún más los riesgos. De hecho, la investigación llega en un momento en que el mundo casteller continúa evolucionando en materia de seguridad. Ahora se está trabajando en un rediseño del casco actual con el objetivo de incorporar protecciones faciales.
Más allá de las cifras aportadas por el estudio, los autores insisten en la necesidad de continuar trabajando en la prevención. Entre las recomendaciones se incluyen el refuerzo de la formación de familias e infantiles antes de iniciar cualquier actividad deportiva, así como impulsar sesiones específicas sobre prevención de lesiones y prácticas seguras.
Las conclusiones del trabajo no buscan establecer una competición entre deportes, sino aportar contexto y datos objetivos a un debate a menudo condicionado por la percepción visual del riesgo. Los investigadores remarcan que tanto los castells como el fútbol son actividades seguras para los infantiles, pero también subrayan que la percepción de riesgo no siempre coincide con la realidad de las lesiones registradas.