Los ganaderos denuncian la otra cara de la recuperación del oso pardo en el Pirineo
Alertan de al menos seis ataques en el Pallars y critican las dificultades para cobrar las indemnizaciones mientras el número de ejemplares aumenta
BarcelonaCada nuevo ejemplar de oso pardo que se cuenta en el Pirineo es un éxito para la conservación de la especie. También un motivo de preocupación para los ganaderos catalanes. Es el carnívoro más grande que vive en el país y una especie protegida que fue reintroducida en el año 1996. Desde entonces, la población no ha dejado de crecer y, según los últimos datos, en el Pirineo catalán ya hay 54 ejemplares establecidos. Su dieta es mayoritariamente vegetal, a base de hierbas, frutos y raíces, pero también comen carne. Es este comportamiento ocasional el que inquieta a los ganaderos del Pallars Sobirà, porque a veces los osos atacan sus rebaños.
Es el caso de Marcel Ticó, ganadero de Lladorre (en la Vall de Cardós), que explica que esta problemática se remonta a hace veinte años. Él tiene un rebaño de unas 70 vacas y, en menos de un mes, ha perdido dos a las garras de los osos. Además, hay dos más que no localiza, y piensa que es probable que también hayan sufrido algún ataque por parte de estos animales. En los últimos años, estima haber perdido unas 40 vacas y caballos. Aun así, el ganadero explica que sin una certificación gubernamental no pueden optar a las indemnizaciones.
En su caso, solo 10 han sido certificadas por el departamento de Territorio, Vivienda y Transición Ecológica, responsable de la gestión de la presencia del oso y de la certificación de los ataques. Esta certificación es un requisito clave para poder cobrar las indemnizaciones que la Generalitat facilita por daños de fauna protegida. En conversación con el ARA, Ticó explica que, aunque los cadáveres presenten marcas físicas de arañazos o mordeduras compatibles con el ataque de un oso, es todo un reto que los técnicos del departamento acaben certificándolo.
Una pesadilla burocrática
Los trámites para recibir indemnizaciones también han sido criticados por Jordi Marxant y Joan Aura, ganaderos del pueblo de Isil, en el Alt Àneu. La semana pasada, Joan Aura encontró dos de las cuatro ovejas que tenía durmiendo en el campo sin vida y otra gravemente herida. “Tenían toda la piel arrancada y dos agujeros en las costillas”, detalla.
A pesar de haber denunciado los hechos, los Agentes Rurales le dijeron que las muestras de pelo marrón encontradas cerca de los cadáveres no serían analizadas hasta el mes de septiembre. “Pueden pasar hasta seis meses hasta que tengamos el informe de los Agentes Rurales que dice si ha habido un ataque de oso”, lamenta. Aura también se encontró dos yeguas muertas hace dos semanas, una de ellas con una gran abertura en el cuello y otra en el estómago. "Más evidencia que esto, no creo que encuentren", se quejaba.
Según la experiencia de los tres ganaderos, el camino no acaba una vez recibido el informe que certifica el ataque de los carnívoros: las indemnizaciones también se hacen esperar. La Generalitat afirma que en 2025 destinó cerca de 12.530 euros en compensaciones por ataques al ganado en Cataluña. A pesar de ello, de las 10 muertes que Ticó consiguió que se certificaran, solo ha cobrado daños por una.
Además, y a pesar de que el reglamento de la Generalitat fija que la suma de las indemnizaciones debe ajustarse al precio de mercado del ganado, Jordi Marxant explica que el dinero que ha recibido no llega a cubrir el 70% de su valor real. Como Ticó, solo ha conseguido cobrar una, que, además, llegó “casi tres años tarde”. “He perdido un cordero que hubiera podido vender por Navidad por unos 150 euros”, y estima que la compensación que reciba –"si llega"– no llegará a los 100 euros.
Fuentes consultadas del departamento de Territorio, Vivienda y Transición Ecológica aseguran que su objetivo principal es “minimizar los daños causados por el oso pardo” y “asegurar la coexistencia entre los rebaños y las especies protegidas”. Este 2026, la Generalitat ha destinado cerca de 210.000 euros para ofrecer medidas de prevención. Por ejemplo, la creación de agrupaciones de rebaños de ovejas y cabras en los pueblos de Isil, Tavascan y Estaron –zonas de presencia permanente del oso– durante la temporada de pastoreo, vigilancia permanente de pastores subcontratados y la instalación de un cercado electrificado de seguridad, así como perros de protección de rebaños.
"El sector primario está a las puertas de la muerte"
Sin embargo, los ganaderos se muestran insatisfechos con estas medidas: "Nos sentimos abandonados", coinciden en denunciar a l'ARA. Porque la problemática del oso pardo no se centra solo en pérdidas de cabezas, sino que también limita el trabajo de los ganaderos.
El ganado pasa el invierno en los establos, pero en verano los pastores lo desplazan a la montaña. Es entre los meses de mayo y octubre cuando tienen lugar la mayoría de ataques. Pero la amenaza de la presencia de los osos puede hacer que los ganaderos se vean obligados a dejar el rebaño pastando en el valle y este disminuya. "Si esto pasa, el negocio dejará de ser rentable para muchos ganaderos”, dice Ticó, que concluye: "El sector primario está a punto de morir".
De hecho, el sector primario, a pesar de ser un área clave para la economía del país, ya ha sufrido un descenso en la ocupación y el número de explotaciones en los últimos años. Las explotaciones de bovinos de cebo, por ejemplo, han disminuido un 7% desde el 2017.