El joven escritor portugués publica 'Mi hermano' en Acantilado

Afonso Reis Cabral: "Un hermano con síndrome de Down puede redimir tu vida"

BarcelonaAfonso Reis Cabral es una de las últimas revelaciones de la literatura portuguesa. Nacido en Lisboa en 1990, debutó a los 15 años con un libro de poemas, Condensaçao, seguido una década más tarde de la novela Mi hermano, que ahora publica Acantilado en castellano, traducida por Isabel Soler. Ganadora del premio Leya, dotado con 100.000 euros, la novela permitió que Reyes Cabral, que apenas había empezado a trabajar en el sector editorial después de licenciarse en estudios portuguesos y lusófonos, pudiera dedicarse a la próxima novela con calma. Pão de Açúcar también fue recompensada, en 2019, con el premio José Saramago.

Escrita en un estilo deslumbrante, Mi hermano avanza a dos tiempos: el del presente, donde un profesor universitario de más de 40 años se hace cargo de Miguel, el hermano pequeño, que tiene síndrome de Down, y el del pasado, que reconstruye la niñez de ellos dos, de las hermanas y los padres, en la ciudad de Oporto. Es una historia sobre el peso de la familia y la importancia del amor, sobre apariencias engañosas y fragilidades insospechadas.

"La sangre, cómo nos une y nos separa a la vez", leemos en tu primera novela. No es habitual que un debut esté escrito con esta solidez, seguridad y profundidad.

— Empecé a escribir relatos y poemas a los 9 años. A veces me preguntaba si alguna vez sería capaz de hacer una novela. Creía que me faltaba encontrar un tema que conociera a fondo y acumular algo más de experiencia de vida.

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¿Pensabas todo esto cuando todavía eras pequeño?

— A los 15 años publiqué una antología de los poemas que había escrito y que no consideraba horribles, Condensaçao. Fue mi funeral como poeta, y el inicio del largo camino como narrador que me llevó hasta Mi hermano. El verano antes de publicar los poemas, durante unas vacaciones en el Algarve, volví a preguntar a mi padre sobre qué tema podía escribir una novela y me dijo: "¿Por qué no escribes sobre tu hermano?" Me olvidé, pero al cabo del tiempo, cuando ya había acabado la carrera, encontré un cuaderno donde había anotado esta anécdota.

¿Fue entonces cuando te pusiste a escribirla?

— Sí. Tenía muy claro que no me interesaba escribir una autoficción. Quería trabajar para llegar a descubrir al otro. En primer lugar, lo que hacía falta era encontrar un narrador que no se me pareciera.

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Y fue así como llegaste al profesor universitario que decide hacerse cargo de su hermano Miguel cuando mueren sus padres.

— Busqué a alguien relacionado con la academia, un hombre que llevaba una vida muy vacía, divorciado y desmotivado. Este fue el impulso que me permitió levantar la novela.

¿No habría sido tentador también hablar de la vivencia con un hermano que tiene síndrome de Down? Kenzaburo Oe, Cristovao Tezza y Josep Maria Espinàs, entre otros, han escrito libros sobre sus hijos con síndrome de Down.

— Mi novela quiere ir hacia otro lado. Cambia algunas de las ideas preconcebidas que podemos tener sobre este tema. El narrador es un personaje disfuncional y sin muchos vínculos con nadie. Su hermano Miguel, en cambio, ha tenido una vida estable, e incluso ha llegado a hacerse cargo de sus padres cuando estaban enfermos.

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Esto desmonta la idea de su dependencia.

— Es un hombre autónomo, a pesar de su fragilidad y vulnerabilidad.

Y un hombre enamorado.

— Sí. Tenía muchas ganas de escribir una historia de amor, una pasión exclusiva y total, pero me era muy difícil encontrar unos personajes que pudieran vivirla. En el siglo XXI, poco o mucho todos arrastramos un cinismo que nos impide vivir historias de amor plenas. Hay contadas excepciones, como las de Miguel y Luciana. Él tiene síndrome de Down y ella síndrome del cromosoma X frágil. Gracias a la pureza de los dos pueden vivir una gran pasión.

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Hay un pasaje en el que el narrador admite que cuanto más infeliz es el hermano, más feliz se siente él: "Me hace feliz ayudarlo, sacarlo de la infelicidad y volverlo a la condición de ángel herido, de ángel en la tierra, aunque no sé en qué consiste, esto".

— Un hermano con síndrome de Down puede redimir tu vida. Esto es lo que piensa el narrador. Le parece que Miguel ha nacido herido, pero en realidad está muy predispuesto a ser feliz. Si tiene las condiciones materiales garantizadas, se siente bien. Es alguien que no tiene que luchar por la felicidad. Al narrador le pasa todo lo contrario. A la vez se propone ayudar a Miguel, aunque no lo necesite. Crea circunstancias un poco perversas para serle útil.

Los dos hermanos pasan unos días en una aldea portuguesa, el Tojal, y ahí se ven con una familia de agricultores, Olinda, Aníbal y Quim. Este último dice: "No hay nada peor que ser prisionero de los que nos quieren".

— La aldea ejemplifica uno de tantos otros lugares portugueses que han quedado abandonados y donde solo han quedado las piedras de las casas vacías. Las pocas personas que no se han marchado también parecen piedras. Para mí, el Tojal era un reflejo del espacio psicológico del narrador. Y Quim es un personaje que tiene problemas físicos que lo hacen depender de los padres.

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Es como una especie de contraespejo de Miguel.

— Los padres pueden ser una gran ayuda o ser tu prisión.

¿Con esta novela querías denunciar el trato de buena parte de la sociedad hacia la gente con síndrome de Down?

— Es complicado pensar en una novela como un vehículo que lleve un mensaje. Mi hermano es un libro que quiere explicar algunas verdades escondidas. El misterio y la gracia de la literatura, sin embargo, es que la literatura en sí es su propio fin y objetivo.

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No puedo evitar preguntarte por la herencia literaria familiar que cargas. Tu tatarabuelo fue José Maria Eça de Queirós, uno de los autores portugueses más destacados de la segunda mitad del siglo XIX.

— Hay dos respuestas posibles y honestas a esto. La primera es pensar en Eça de Queirós como presencia familiar -una presencia agradable- y también como lector: hay libros suyos que valoro, a pesar de que no es mi autor preferido. La otra es pensarlo como autor. En este punto creo que no tiene ninguna influencia en lo que escribo.