Un país de ciencia

La horca, herramienta de comunicación de antes de los móviles

Capdella: la primera central hidroeléctrica de Cataluña, que continúa funcionando

28/08/2026 - 08:10 h.

Es una horca de lo más sencilla. Tiene un palo grueso de madera y dos poleas de hierro. Servía para cargar y descargar gavillas, paja o heno. Actualmente se usa muy poco. Pero donde estoy ahora, en la Vall Fosca, tenía también otra función. Es por eso que está expuesta en el Museo Hidroeléctrico de Capdella, que hoy visito.El conductor del funicular tocaba con las dos puntas de la horquilla sendos cables de la línea eléctrica que iba paralela a la vía del funicular, y con esta acción hacía sonar un timbre en las estaciones para hablar con los operarios que lo hacían funcionar. Este era el código: con un timbre indicaba que el operario lo detuviera, con dos timbres, que subiera, y con tres, que bajara.

Este sistema de comunicación se empezó a usar en la década de 1910, cuando no tenían ni walkie-talkies. Y faltaban muchas décadas para que llegaran los teléfonos móviles. Aún no se habían ni popularizado los otros móviles –los objetos colgantes de hilos que se mueven con el aire que distraen a los bebés: se dice que se extendieron a partir de la década de 1930, con los objetos colgantes abstractos del artista Alexander Calder.

Cargando
No hay anuncios

El funicular subía dos kilómetros en fuerte pendiente (del 45%) y llevaba trabajadores, algunos visitantes y material para construir las tuberías que debían recoger el agua de los lagos para agrandarlos y convertirlos en presas. Partía de la cota 1.100 hasta llegar a los 2.150 metros. Desde aquí, un tranvía de 5 kilómetros –¡tirado por animales!–, que también transportaba el material –y los trabajadores–, iba hasta el estanque Gento.

Este tranvía, al cabo de unos años, se motorizó –pasó a funcionar con gasoil– y estuvo activo hasta los años ochenta del siglo XX. Todavía hoy hay las vías del tranvía. Su trazado coincide con el canal que lleva agua procedente de quince lagos.

Cargando
No hay anuncios

Con la construcción de la central hidroeléctrica, a Capdella llegaron máquinas y tecnologías hasta entonces desconocidas, como el funicular –que iba con electricidad– y las grandes turbinas de la central hidroeléctrica. Eran símbolos de un mundo nuevo que transformaron profundamente el valle. Todo eran novedades: carreteras, hoteles... Incluso desapareció la noche, para algunos, porque trabajaban. Y se oían unas cuantas lenguas extranjeras. Para acoger a los recién llegados –de España y de Europa– nacieron dos núcleos de población –Capdella, en lo alto, y Molinos, más abajo–, y había toda clase de servicios.

No fue nada fácil explicar a los habitantes del Valle Fosco las ventajas de todo aquello. El escritor Pep Coll, en El segle de la llum, explica que algunos pensaban que la bombilla les podía prender fuego en casa. "Ciertamente, no era nada fácil convencer a toda aquella gente ignorante de montaña de la necesidad de la luz eléctrica. Previendo las dificultades, la compañía pagó algunas casas, una de cada pueblo, para que se dejaran poner la luz en casa. Fíjate, ¡ponerles la luz de balde y todavía darles dinero! Pues no fue suficiente. «Si durante siglos hemos vivido sin luz, también podemos vivir ahora», refunfuñaban los más viejos".

Cargando
No hay anuncios

"Capdella es la primera central hidroeléctrica de Cataluña, que continúa funcionando", me comenta Martí Boneta, maestro e historiador, que conoce como la palma de su mano la historia de este valle –la explica en el libro La Vall Fosca: els llacs de la llum–, mientras paseamos por el museo, que permite conocer con detalle, a través de piezas que se han utilizado, el funcionamiento de la central. Estamos dentro de un gran edificio, con mucha luz natural –gracias a grandes ventanales–, que acogía el consultorio médico, la oficina de dirección y el almacén de la central hidroeléctrica.

Nos desplazamos hasta la central, que funciona como el primer día. Las máquinas son las mismas de siempre, pero ahora están automatizadas: se controlan con ordenador.

Cargando
No hay anuncios

Hasta hace un momento, éramos tan solo dos personas en la visita. Ahora una ruidosa familia numerosa –con tres criaturas: suficiente para que te consideren, numerosa– nos hace subir un poco el tono de voz. En verano no hay visitas escolares, claro. En cambio, durante el resto del año las escuelas son uno de los principales clientes de este centro. Desde los inicios, muchos niños han podido conocer cómo funciona una central. Tuvieron este privilegio un grupo de niños del Raval.

La empresa francosuiza Energía Eléctrica de Cataluña –fundada en Barcelona, por eso tiene el nombre en castellano–, propietaria de la central y el campamento de los trabajadores y de sus familias, patrocinó que 25 niños hicieran aquí unas colonias los años 1917, 1918 y 1919. El disfrute de la naturaleza, una higiene cuidada y una buena alimentación les aportaba bienestar. Estas colonias las dirigió el maestro Artur Martorell. Escribió unas memorias que se han publicado hace poco. Los niños hacían excursiones, juegos, gimnasia, cantos... descubrían esta central hidroeléctrica.

Cargando
No hay anuncios

Una iniciativa de un periodistaEmili Riu, periodista y político de Sort, que impulsaba la iniciativa de hacer la central de Capdella, lo tenía todo muy claro: el proyecto, cómo vencer las dificultades... Desde finales del XIX ya observaba la creciente demanda de electricidad en Barcelona y su área, sobre todo a causa del alumbrado –público y privado– y de los primeros tranvías con electricidad, ya que inicialmente los tranvías eran tirados por caballos y en Barcelona no fue hasta 1907 que se electrificaron todos.