Retos virales

No, romperle un huevo en la cabeza a tu hijo no hace gracia

Los retos virales con niños que circulan por las redes pueden ser dañinos para los más pequeños y romper la "relación de confianza" con su figura de referencia

BarcelonaUna mujer y un niño, se supone que su hijo, están cocinando juntos cuando, sin previo aviso, ella le rompe en la frente un huevo mientras el niño, que no llega a los dos años, mira a la cámara con desconcierto. En otros casos, el niño o niña se pone a llorar. Es el egg crack challenge, uno de los retos virales con niños como protagonistas que circulan por Instagram y TikTok. En otro reto, unos padres, fuera de cámara, tiran una rodaja de queso en la cabeza de su hijo, que pone cara de asombro al no saber qué acaba de pasar. Es el cheese challenge. Y, anteriormente, se puso de moda el toothpaste Oreos challenge, que consistía en ofrecer a los niños galletas Oreo rellenas de crema de dientes.

Y así podemos encontrar algunos retos más en los que padres y madres, la mayoría anglosajones, graban las reacciones de sus hijos a las supuestas bromas para colgarlas después en las redes a cambio de varios likes. "Lo que están haciendo es ridiculizar y ganar likes y seguidores a expensas de reírse de su hijo. Y tú, que eres la persona de confianza, la persona que le cuida y vela por él, su referente, le dejas en evidencia", lamenta Cristina Carbonell, profesora y divulgadora en educación y tecnología y crianza consciente.

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Judit Teixidor, psicóloga infantil, asegura directamente que estas prácticas "humillan a los niños". La reacción de la mayoría de niños es de desconcierto y confusión. Los niños se quedan asombrados, sobre todo los más pequeños, porque no se lo esperaban, y lloran, dicen que los ha hecho daño o se enfadan, pero algunos no lo pueden expresar en palabras. Los mayores ríen. "Mamá te dice que cocines con ella, estás ilusionado por compartir este rato y recibes algo que no te esperas y te descoloca", observa Carbonell, que añade que por muy pequeños que sean los niños "se puede romper la confianza" con sus figuras de referencia.

Parte del reto consiste en que el progenitor, después de romper el huevo en la cabeza del niño, siga como si nada, aunque la mayoría no pueden contener la risa. "Y aquí hay una implicación importante, ya que la criatura empieza a llorar o dice que no le gusta pero su cuidador, la persona que le debe dar seguridad, le ignora, y esto puede repercutir en la relación", y el alcance será mayor o menor dependiendo de cómo es la relación en el día a día, opina Teixidor.

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Además, no es un acto consensuado. Hay una situación de desigualdad y una agresión que se disfraza en broma. "Una cosa es una broma, que es cuando reímos ambos, pero cuando es el adulto, que es mayor y tiene más recursos, quien abusa de su poder, ya no es una broma", añade Carbonell, que propone imaginar que esto se lo hacemos a la pareja. "Si en lugar del hijo grabas sin consentimiento a la pareja y le haces una broma pesada, la historia cambia. No por ser pequeños que no se pueden quejar significa que podamos hacerlo". Ambas expertas lamentan que con los niños parece que en un contexto de broma se pueda hacer todo. "Pero cuando lo comparamos con una persona adulta nos damos cuenta de que con los niños somos capaces de hacer cosas que con un adulto no haríamos, porque se impondría y pondría límites", razona Carbonell, quien recuerda que los hijos "no son de la nuestra propiedad" y "tienen sus derechos".

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¿Qué mensaje estamos emitiendo?

Este tipo de vídeos se han viralizado y aunque han despertado fuertes críticas de los propios usuarios de las redes, lo cierto es que tienen miles de visualizaciones. Y las repercusiones de esos retos virales, según los expertos, van más allá de "la relación padre o madre e hijo". Antes de compartir uno de estos vídeos, Teixidor pide detenerse y preguntarse qué "cultura y relación con la infancia queremos y estamos promoviendo". "Si tú le haces like o compartes estos vídeos estás contribuyendo a emitir el mensaje de que se puede humillar a los hijos", sostiene.

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Considera que es necesaria una lectura crítica de estas prácticas porque, por poco que parezcan, son también una forma de maltrato, aparte de que la acción en sí –romper un huevo en la cabeza– puede hacer daño”. "Debemos criticar que se difundan estos vídeos y que nos riamos. ¿Si un adulto reaccionara con llantos y angustia en un vídeo haríamos difusión? Si con un adulto no lo permitiríamos, con un niño tampoco deberíamos hacerlo", argumenta esta psicóloga.

Carbonell cree que es importante "crear conciencia" y hacer pedagogía porque así "personas que lo ven como una broma graciosa y lo comparten porque les parecía divertido pueden reflexionar sobre ellos y mirárselo desde otro punto de vista". Además, hay quien considera que esto es también una forma de bullying y está dando un mal ejemplo a los propios niños. "¿Son estos los valores que queremos inculcar?", se pregunta esta divulgadora, que también dice que no debe demonizarse las redes sociales, ya que se puede hablar de maternidad y crianza en "términos positivos y constructivos" y sin necesidad de exponer a las criaturas.

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Los riesgos del 'sharenting'

Ambas especialistas también alertan sobre el sharenting, es decir, la práctica de compartir constantemente en las redes imágenes y anécdotas de los hijos. "Cuando eres padre o madre te sientes orgulloso de los hijos y quieres compartir lo que hacen, pero, sin querer, podemos llegar a ponerlos en peligro. Para nosotros puede ser una imagen inocente, pero hay pedófilos que pueden utilizarlas o pueden acabar retocadas con inteligencia artificial en webs pornográficas", alerta Carbonell, y añade que con una simple imagen podemos estar dando mucha información de esa criatura.

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Muchos progenitores esconden la cara de sus hijos con emoticonos, pero esta profesora dice que no se trata sólo de preservar su imagen sino también su intimidad: "A veces explicamos su día a día o cómo se sienten, y eso forma parte de su intimidad. Debemos preguntarnos si es realmente necesario explicarlo", ya que tienen derecho a ser ellos quienes construyan su identidad digital, concluye.

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