Crónica

Pereza mental, pijo-progres y la señora de Ripoll: la revuelta de los pisos turísticos

El Círculo Ecuestre acoge un coloquio sobre el impacto en Barcelona de la eliminación de las viviendas turísticas

Barcelona"Nosotros creamos opinión, pero no opinamos". Enrique Lacalle aún no ha terminado la frase, que ya le suena el teléfono. Mira la pantalla. "Es el Ayuntamiento", dice, entre risas. Se excusa –"después te llamo"– y guiña el ojo a la audiencia: "Estaba todo preparado". El gag abre un coloquio de desecho frontal a la prohibición de los pisos turísticos en Barcelona. Será sobre todo sobrio, pero también descarnado.

La mesa redonda, titulada La Barcelona del futuro: el impacto real de eliminar los pisos turísticos, viene precisamente llena de opiniones, pero todas en el mismo sentido. Un estudio de PwC aporta lo ocurrido: las viviendas de uso turístico representan el 1,2% del parque residencial de la ciudad y han crecido un 2,2% en una década. La conclusión no sorprende a nadie: "no existe una relación causal" con el aumento del precio del alquiler.

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Enrique Alcántara, presidente de Apartur, pone palabras a las cifras. Eliminar los pisos turísticos, advierte, haría a Barcelona "menos competitiva, más pobre y con el mismo problema de vivienda". Defiende que muchas licencias no irán al mercado de alquiler: "Será extremadamente rentable tener un apartamento turístico ilegal", alerta. Kike Sarasola, presidente de Room Mate Hotels, aporta el testimonio del emprendedor: "Hay que escuchar al cliente, yo empecé a notar, como hotelero, que el cliente me pedía esto", dice. "Tienes que dar diversidad al cliente, le das lo que te pida", dice.

Aunque alguien, con razón, podría ver un falso dilema, el moderador le hace una pregunta acertada: "Si se eliminan los apartamentos turísticos, se beneficia al sector hotelero o se perjudica al conjunto de la...". Sarasola, que lo tiene claro, le interrumpe antes de que acabe: "Se perjudica al conjunto de la ciudad". Niega que su eliminación beneficie a los hoteles. ¿Pensaría lo mismo un hotelero que no tiene apartamentos turísticos? La audiencia se queda con la duda.

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El abogado Pablo Molina (Garrigues) aporta su giro jurídico. Critica el decreto de la Generalitat por convertir las licencias en provisionales y define la decisión con un sintagma que se irá repitiendo en la sala: es "pereza mental". Cita el caso de Nueva York, donde las restricciones no han hecho bajar los precios, y abre la única rendija legal que aparece en la sesión: la posibilidad de pedir otros cinco años de licencia para quien acredite no haber sido debidamente indemnizado. Europa también entra en el debate: el moderador recuerda que la Comisión Europea ha descartado la prohibición de los alquileres de corta duración y ha hecho hincapié en la proporcionalidad y la regulación.

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Pero el protagonismo absoluto es para el economista Gonzalo Bernardos: "Comunes quiere convertirla [Barcelona] en Zamora. Quieren liquidar la actividad económica y beneficiar a un grupo: y no son los obreros de Nou Barris, cada vez que van hacia allí deben ir al hospital porque les coge alergia". Se refiere a los "pijo-progres"que, según él, no se ganan bien la vida porque no quieren trabajar, pero quieren vivir en el Eixample.

El único desacuerdo llega al final: los apartamentos turísticos deben estar en edificios exclusivos? Sarasola dice que sí, Alcántara se opone si la convivencia se puede gestionar. convencido". Molina pide soluciones adaptadas a cada municipio; Bernardos defiende derechos adquiridos para los antiguos y regulación estricta para los nuevos. "Sabes cómo llamo yo en Barcelona: el Far Westinmobiliario. Un político te coge por la calle y ve a saber lo que te hace", dice.

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Aunque el alcalde de Barcelona es Jaume Collboni y la medida de la prohibición de su ejecutivo, Bernardos sigue con su cruzada: critica a Colau hasta dos veces, y también contra el control de los alquileres y sus efectos "perniciosos. Comunes: "Aunque no hayan mandado, han determinado"

La traca final, también de este economista, llega con una predicción entre la ironía y la advertencia. "Ahora bien, también os digo que en las próximas elecciones esto se acaba... hay una señora de Ripoll que lo cambiará todo".