Acuerdos y desacuerdos
Rufián ha acabado convirtiéndose en una especie de candidato a medias entre ERC y Podemos, una idea que hasta no hace tanto habría podido parecer disparatada y que ahora pasa como una especie de solución de compromiso. De aquí al viernes falta ver si su maniobra consigue llevar al resto de partidos “a la izquierda del PSOE” que intentan constituir el llamado Frente Amplio –Movimiento Sumar, Comuns, Más Madrid e Izquierda Unida– a presentar a las elecciones una sola papeleta, como piden muchos de sus votantes y algunos de los partidos que se quieren abonar pero sin diluir sus siglas (como pasó en 2023 con la creación de Sumar). Es el caso de Compromís, en el País Valenciano, y de Més per Mallorca y Més per Menorca, en las Baleares. Una sola papeleta sería el mensaje electoral más claro que podrían enviar las izquierdas a sus votantes, y para Gabriel Rufián supondría la validación de su tesis de la necesidad de unir a todos los que tengan la preocupación de frenar a la extrema derecha en España. Un mensaje y una tesis frontistas, inéditos en una candidatura a las elecciones generales de un partido independentista catalán. La otra cosa que evidentemente falta ver es cómo afecta esta nueva configuración a los resultados electorales que pueda obtener ERC en Cataluña. Como contrapartida en las negociaciones entre los dos partidos, Podemos ha renunciado a presentarse en Cataluña en beneficio de ERC, pero es poco previsible que el resto de los partidos del Frente Amplio con aspiraciones electorales en Cataluña quieran hacer lo mismo.
Junts, a través de Miriam Nogueras, hace un anuncio que también es singular, aunque solo sea porque en algún momento tendrá que dejar de ser cierto: prometen no investir lo que ellos llaman “un gobierno de extrema izquierda” (es decir, la suma del PSOE más todos los mencionados en el párrafo anterior, una extrema izquierda tan suave, pequeña y peluda como el asno Platero de Juan Ramón Jiménez) ni tampoco “un gobierno de extrema derecha”, que, de forma mucho más exacta, sería la denominación adecuada para la suma de PP y Vox, con la cual Junts ha votado repetidamente a lo largo de la pasada legislatura en diversas cuestiones clave. Es un planteamiento audaz porque, según cómo quede la correlación de fuerzas, puede llevar a Junts a la irrelevancia o a volver a tener los votos determinantes para desencallar mayorías. En cualquier caso, en algún momento tendrán que decantarse por los unos o los otros aunque sea vía abstención: pretender que un partido catalán va al Congreso de Madrid solo a hablar de Cataluña puede gustar a los electores, pero no es lo que sucede en la realidad.
Las variables son muchas y se pueden combinar de tantas maneras que las predicciones se vuelven más y más volátiles. Otra, que puede parecer extemporánea pero no lo es tanto: si, como prevén algunos analistas (como David Remnick, en The New Yorker), en las elecciones estadounidenses de mitad de mandato se produce una ola azul que debilite a Trump y lo pueda poner ante una etapa de asfixia política, mediática y judicial, ¿cómo puede afectar esto a los trumpistas y a los populistas de ultraderecha de todo el mundo, y también a los españoles?