Cerca del final
La editora inglesa Diana Athill descubrió, una vez jubilada, que escribir era lo que realmente la hacía feliz. Escribió novelas y libros de memorias, y cuando ya había cumplido noventa años publicó Cerca del final, un libro de título muy explícito en el que reflexionaba sobre la vejez y la proximidad de la muerte, entre muchas otras cosas. Los cálculos de Athill estaban equivocados, y la autora vivió una década más que le permitió publicar todavía cuatro nuevos volúmenes.
Leer Cerca del final (en catalán en Univers, traducido por Mar Vidal; y en castellano en Asteroide, por Regina López Muñoz) es como ir a visitar a una abuela lista, culta y divertida, con una vida interesante y atrevida y una mirada sabia y lúcida. Son las reflexiones de una editora de larga trayectoria, pero también son las confesiones de cualquier persona que sabe que está llegando al final de su trayecto. Diana Athill habla –sin manías ni esnobismos– de amor y de sexo, de religión, de antirracismo, de arte, de la familia y la herencia, de la maternidad, de la vejez y de la muerte. Y, evidentemente, de escritores y de libros.
En este último apartado, Athill asegura que, como lectora, fue dejando de lado la ficción (solo salva a los clásicos y algunos nombres estelares como Sebald, Foster Wallace y Alice Munro): “La edad me ha vuelto tiquismiquis, como una persona que ha perdido el apetito y solo se siente tentada por exquisiteces muy selectas”.
Ante las limitaciones que impone la vejez, Athill ve una compensación: "Te das cuenta de que nada tenía importancia en el sentido más profundo, de modo que te lo puedes tomar todo a la ligera". Con respecto a la muerte, hace suya la sentencia de su madre: “No me da miedo el miedo, lo que me asusta es morirme”.
Diana Athill no tuvo hijos; se quedó embarazada a los 43 años por un descuido (que de vieja consideró inconscientemente querido), pero sufrió un aborto que puso en riesgo su vida. La alegría de haber sobrevivido, escribe, la ayudó a superar la tristeza rápidamente.
Su reflexión sobre la maternidad hace pensar: “Que nuestro cuerpo esté diseñado para concebir significa que tendrán que pasar muchas generaciones antes de que las mujeres se liberen de los patrones psíquicos que dicta su físico, por más sencillo que sea el gesto de tomar una pastilla; y existe la posibilidad de que nunca seamos capaces de conquistar esta libertad psíquica”. Quizás sí que cerca del final las cosas se ven más claras.