Alemania, año cero
Pues aquí estamos, discutiendo si el AfD (Alternativa para Alemania, el partido que ha ganado, con gran diferencia, las elecciones en el estado federal de Sajonia-Anhalt) es nazi, neonazi, ultraderechista, de extrema derecha, extremista... Digámoslo como queramos: ochenta y un años después de su derrota, los partidarios de Adolf Hitler han vuelto a ganar unas elecciones en Alemania. Ahora todo son exclamaciones, pero en realidad nos encontramos ante la enésima constatación del proceso de retorno del fascismo a Europa. Sobre este proceso, de hecho, no hace falta que especulemos más, porque ya es un hecho. Ahora hace falta que nos preguntemos si tiene posibilidades de volver a ser hegemónico, en Alemania y en el resto de Europa. La respuesta es que sí. Alguien objetará que de las palabras fascismo y fascistas se ha abusado hasta vaciarlas de sentido: es muy cierto y, si acaso, se puede añadir que el problema es que no solo se han banalizado estas dos palabras, sino también muchas otras de uso habitual en el debate público, algunas tan centrales como democracia, libertad o ciudadanía. Pero por mucho que se haya desgastado, desdibujado y trivializado el lenguaje político, eso no quita que el fascismo existe y vuelve a ser muy fuerte. Tiene diversas causas por las cuales afirma que planta cara, pero la principal sin duda son los movimientos migratorios y los cambios demográficos que se producen en todo Occidente. Ante esta realidad compleja, el fascismo y la extrema derecha tienen una receta sencilla: desconfianza en las instituciones (aunque ellos se presenten a las elecciones para gobernarlas), descrédito de la “clase política” (aunque ellos mismos sean, también, “clase política”), repliegue identitario, nostalgia de una imaginaria época pasada en la que todo iba mejor, negacionismo científico y enormes dosis de miedo y odio al diferente y, por encima de todo, al pobre.Se ha convertido en un lugar común señalar como culpables del auge de la extrema derecha y el fascismo a la socialdemocracia y, en particular, a las “izquierdas”, que no han sabido dar respuesta a las cuestiones que preocupan a la ciudadanía (de entrada, todo señalamiento del culpable es, en sí mismo, una victoria del fascismo y la extrema derecha, porque el señalamiento y la culpabilización son formas del miedo y el odio). Es posible, pero tampoco dan respuesta las derechas liberales tradicionales que intentan no ceder espacio a las extremas derechas por la vía de asumir su discurso: la CDU de Merz ha acabado cediendo, con su discurso antiinmigración, la mayor parte de su electorado de Sajonia-Anhalt a la extrema derecha.Los resultados de Sajonia-Anhalt son un espejo, y en España, donde se especula con un nuevo golpe de estado judicial para encarcelar al presidente del gobierno y donde el partido de la derecha y el de los fascistas suman abiertamente sus resultados en las encuestas, el espejo refleja una imagen especialmente preocupante. Alemania, año cero es el título de un film de Roberto Rossellini sobre la devastación material, pero sobre todo moral, que conllevan el fascismo y la guerra. Es muy recomendable revisarlo.