Añorar las cajas

Todavía hay quien recuerda mi etapa en el consejo de gobierno del Banco de España y me pide por el hundimiento del sistema de cajas durante la crisis, desde la añoranza y el necesario reposicionamiento financiero de la economía productiva catalana. Claro que algunos, por este motivo, querríamos una nueva banca, totalmente pública, más allá de lo que son las actuales tareas del Instituto Catalán de Finanzas: una banca pública que, por ahora, no acabo de ver. En cualquier caso, quisiera destacar aquí una interesante intervención reciente del gobernador del Banco de España, José Luis Escrivá, en la asamblea general de la Asociación Europea de la Banca Cooperativa, aunque refiriéndose al sector de crédito cooperativo en España.

En efecto, una vez perdidas las cajas, es evidente que las cooperativas están ganando peso y cuota en el sector bancario español. Hacen de contrapeso a las grandes entidades, que actualmente están totalmente enfocadas al lucir el máximo beneficio y empujan la cotización y la carrera para ver quién distribuye más dividendos. Las cooperativas, en cambio, están muy centradas en crecer en hipotecas y financiación en pymes y autónomos, reforzando, al mismo tiempo, su solvencia. De 2017 a 2025, el crédito que tienen concedido ha crecido en un 32,2%, mientras que el resto de la banca sólo ha crecido un minúsculo 1,4%. Por lo que respecta a los depósitos, la evolución es similar. Están llenando el vacío que dejaron las cajas y los agujeros que dejan las fusiones y reducciones drásticas de oficinas y personal de la banca. La cuota de mercado es especialmente elevada en el sector de la agricultura, ganadería y pesca (un 35%), y en el resto oscila entre el 11,5% del comercio y la industria manufacturera y el 5% del suministro energético. Y con niveles de liquidez y ratios de solvencia bastante buenos.

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Las 60 cooperativas de crédito existentes ayudan también a descentralizar el poder económico y, así, muchos territorios, e incluso poblaciones medias, pueden tener su entidad financiera, evitando que todo esté centralizado en Madrid o en Barcelona. Así, también, no todas las decisiones financieras las tomarán los algoritmos (¿deberíamos decir ahora la IA?), sino personas cercanas, con mayor conocimiento de la realidad del país.

Este modelo cooperativo es bien conocido en Europa. Especialmente en Francia y en Alemania, los grupos cooperativos son fortísimos (Crédit Agricole, Crédit Mutuel, Banque Populaire Caisse d'Epargne, DZ Bank...).

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Escrivá da a las cooperativas un nuevo valor estratégico. Sorprende, sin embargo, que Cataluña y Baleares, que fueron sede de grandes e importantes cajas, ahora sean prácticamente ajenas a este nuevo empuje que da más diversidad y competencias al sistema financiero. Si realmente los pequeños accionistas —muchos— son tan decisivos como se ha dicho en el caso de la opa del BBVA, ¿podrían el Sabadell y la Caja de Ingenieros cubrir parte de esas lagunas?