ANTES DE AHORA

Ramblejando, con el doctor Agustí Pedro i Pons (1959)

Los farmacéuticos se confesan
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Crónica de Andreu Avel·lí Artís 'Sempronio' ​​(Barcelona, ​​1908-Sitges, 2006) en la antología periodística Los barceloneses (1959). Traducción propia. Hoy cumple cincuenta y cinco años de la muerte del médico Agustí Pedro i Pons (Barcelona, ​​1898-1971). Catedrático en la Facultad de Medicina de la UB, el doctor Pedro i Pons fue el autor principal del Tratado de patología y clínica médicas (1950-1958), obra de referencia que Josep Pla consultó para escribir su autorreportaje El infarto de miocardio (véase esta sección del 11-III-2013). Pedro y Pons, hombre culto en teatro y música, era también un bibliófilo acreditado y un coleccionista erudito de periódicos y revistas en catalán. Prologó la exhaustiva Historia de la Prensa Catalana (1966) de Rafael Tasis y Joan Torrent.

He aprendido a conocer al profesor Agustí Pedro i Pons en la Rambla de Barcelona. Quizás esta afirmación sorprenda, ya que la Rambla es ahora menospreciada y ya no pasea por ella ninguna persona que se considere importante. Pero una sola excepción: el doctor Pedro y Pons. Es quizá el último ramblista barcelonés. -En mis años juveniles, la Rambla era para mí un camino familiar -me dice el médico, mientras bajamos por la popular vía-. Del Hospital de la Santa Cruz en la calle de la Portaferrissa, donde estaba la Academia de Ciencias Médicas, hacía cada día este trayecto. El doctor Pedro i Pons es un barcelonés de pura cepa. Nació a la derecha del Eixample y si bien con el tiempo ha cambiado de casa y callejera, sigue en el barrio. Sus primeras escapadas infantiles tuvieron por escenario el pasaje de Permanyer. En el umbral de las pequeñas casas de aquel lugar acechó a las figuras gloriosas de Apel·les Mestres y del pianista Vidiella. Volvemos a la Rambla. El día favorito, mejor dicho, la noche favorita del doctor para ramblear es la del domingo. Es el único día de la semana en el que puede robar una hora a la abrumadora labor que pesa sobre él. Cena pronto y, mientras enciende un habano, va con su utilitario hacia la Plaça de Catalunya. Al llegar allí, estaciona el coche en cualquier punto de la banda oeste y con su legendario sombrero calado sobre los ojos y dando chupadas al cigarro, se interna a pie por la Rambla. Me imagino que la soledad es elemento importante del gozo que encuentra en el paseo. Me lo imagino y desde aquí le pido perdón por las veces que, al descubrirlo, he osado acompañarle. ¿De qué hemos hablado en estos encuentros? De nada trascendental. La Rambla ha conducido el diálogo invitando a adentrarnos en el pretérito. Cuando el maestro, abandonando por unos instantes los libros profesionales, revistas y literatura médicas, busca en la lectura otros horizontes, va hacia los tomos encuadernados de antiguos periódicos barceloneses, que tiene siempre al alcance de la mano. Aprecia, especialmente, los semanarios festivos ochocentistas, que satirizaban sin rencor, que hostigaban sin herir. -La imagen de aquella ciudad pequeña y sencilla late en todos aquellos textos -comenta el doctor Pedro y Pons-. En medio de la inquietud de hoy, de esa progresiva complicación de la existencia, la vida de nuestros abuelos nos parece envidiable... En otros momentos hemos hablado de teatro, su gran pasión. Recuerda con perdurable deslumbramiento los estrenos capitales del teatro catalán y se duele conmigo que la escena está en decadencia. Por él no hay placer comparable a lo que nos da una buena representación teatral. Tampoco esa afición al teatro es distintiva del barcelonés de hoy. Algo parecido ocurre con el ramblear... Por eso, cuando yo descubro al doctor Pedro y Pons en Canaletes, me engancho a él y no lo dejo, Rambla abajo, consciente de ir al lado de un ciudadano de primera.

Andreu Avel·lí Artís 'Sempronio' 1959

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