Los Beckham y nosotros

He leído, con el morbo al respecto, la noticia sobre la mala relación de David y Victoria Beckham (el exfutbolista y el ex-Spice Girl) con uno de sus hijos, Brooklyn. Por Instagram, el chico ha contado varios episodios tristes que paso a enumerar.

Ante todo, la madre se negó a diseñar el traje de novia de la futura del chico a última hora. Esto, a mí, no me va a pasar, porque mi hija no ha entendido todavía la influencer que llevo dentro y sólo me valora como decoradora de interiores y compradora de gangas. En segundo lugar, el chico, con toda la mala intención, colocó en la mesa presidencial de la boda a su canguro y la de la pareja, mientras que sus respectivos padres estaban en tablas adyacentes. Esto es muy sucio. Es una forma de decir: "¿A mí quién me ha cuidado?" La tercera es que sus padres le pidieron que renunciara a los derechos sobre su nombre semanas antes de la boda y, como no lo aceptó, hubo "consecuencias" en su paga. O sea, que tenía paga. Un día de éstos iré a hacerme el encuentro en cals Beckham, por si me adoptan.

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Las situaciones descritas podrían ser un género literario, que podemos llamar: "Soy rico pero no rico". Se trata de desgracias, sí, pero sólo pueden darse en el contexto de los millonarios. John John Kennedy, por ejemplo, hizo un "Soy rico pero no rico" cuando se estrelló en el mar con su promesa cuando iban de fin de semana en una avioneta que conducía él. Esto, a ustedes, en este formato, no puede ocurrirles. Eric Clapton perdió al hijo de cuatro años, que se precipitó por la ventana del piso 53 de un rascacielos en el que vivían. Jugaba con la niñera mientras la madre revisaba el presupuesto de la remodelación de la casa de Milán, pero el hombre de la limpieza de los cristales se dejó la ventana abierta. Esto a ustedes en este formato no les puede ocurrir.