07/03/2022

Los beneficios de las eléctricas y el precio de la luz

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La central hidroeléctrica de Capdella

Este lunes está previsto que el precio de la electricidad en el mercado mayorista vuelva a batir un récord histórico: 442,54 euros el megavatio hora (MWh). Este pasado mes de febrero el precio medio de la luz en el mercado regulado fue de 201 euros, cuando en el mismo mes del 2021 fue de 28,50 euros. En el diario de hoy también se puede leer que las ganancias de las grandes eléctricas del Ibex-35 se multiplicaron por tres en 2021. Repsol, Endesa, Iberdrola y Naturgy cerraron 2021 con un beneficio neto conjunto de 11.054 millones de euros, un 226% más que en 2020, cuando fue de 3.388 millones de euros. Hay que decir que en todos los casos han crecido más los beneficios que el volumen de facturación, que aumentó "solo" un 33% respecto al año anterior.

La más beneficiada ha sido Iberdrola, que es la que tiene más ganancias (3.885 millones de euros), y quizás vale la pena recordar que la compañía ha sido señalada, incluso por el mismo ministerio de Transición Energética, por haber vaciado los pantanos sin necesidad el verano pasado y haber impedido así que sus centrales hidroeléctricas pudieran generar más volumen de energía más barata. Como ya han tenido que aprender a golpe de factura los consumidores, el sistema tarifario español es muy enrevesado, puesto que cada fuente de energía –nuclear, hidroeléctrica, eólica, gas– tiene un precio en función de la demanda, de su coste de funcionamiento y sobre todo del grado de contaminación. Cuanto más contamina, más cara es. Así, primero entran en el mercado las energías que menos contaminan y, si no se cubre la demanda prevista, van entrando las siguientes, que cada vez son más caras. El precio que cuenta al final, sin embargo, es el de la última, y es esta, la más cara, la que marca el precio de todas las anteriores. La sospecha de que se ha intentado forzar la entrada en funcionamiento de las energías más caras por parte de algunas compañías, pues, merecería una investigación más a fondo de los reguladores. 

Este sistema marginalista es una imposición europea que el gobierno español intentó cambiar ya hace meses sin éxito. La razón era que de este modo forzaba administraciones e inversores a apostar por la energía renovable, pero por el camino ha servido para enriquecer también las compañías a pesar de que hay que decir que en algunos casos, como por ejemplo Repsol y Naturgy, lo están aprovechando para prepararse invirtiendo en la transición energética obligada. El incremento del precio del gas, incluso antes de la guerra de Ucrania, ya había hecho subir mucho los costes y estaba empezando a cambiar las posiciones en la Unión Europea, pero sin duda ahora se acelerarán las inversiones en renovables y habrá más receptividad a la hora de cambiar las normas para evitar que el sistema de subasta suponga un castigo a los ciudadanos más vulnerables. 

De momento, el gobierno español ya ha dicho que se alargarán las medidas fiscales adoptadas hasta ahora para rebajar el impacto del recibo, pero, como se ha visto, han sido insuficientes. A corto plazo hacen falta más ayudas a las familias, más control a las grandes compañías eléctricas y un cambio momentáneo en la normativa que permita que se cobre por el tipo de energía real que se consume. Y, mientras tanto, a medio plazo, tendremos que acelerar cuanto antes mejor la transición energética.