Bienvenida papal con Cercanías y maestros

Con aquel don de la oportunidad que siempre le ha caracterizado, Adif ha hecho ofrenda al Santo Padre de un regalo que le permita hacerse cargo de la realidad de la tierra catalana nada más bajar del avión. Exactamente a la misma hora que León XIV aterrizaba en el aeropuerto de El Prat, una incidencia en el Centro de Control de Tráfico de Adif en Barcelona dejaba sin trenes de Cercanías a todo el país: R1, R2, R3, R4, R8, R11, R14, R15, R16, R17, RG1, RL3, RL4, RT1, RT2. El servicio ha quedado interrumpido durante más de media hora, hasta que se ha recuperado poco a poco. Y ha vuelto a caer. Santidad, bienvenido a Cataluña.

Al mismo tiempo, y hablando de normalidad, los maestros en huelga se manifestaban no muy lejos de la catedral de Barcelona, donde la comitiva papal ha hecho la primera parada de su periplo en nuestro país.

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El departamento de Educación está muy preocupado ante la explosión definitiva de una crisis educativa largamente incubada. Tanto, que la consejera ha pedido opinión a antecesores suyos. El Gobierno ha necesitado tiempo para procesar la magnitud del desbordamiento: aquello que parecía que podía solucionarse con una negociación laboral al uso ha acabado poniendo en evidencia la necesidad de una revisión de arriba abajo del sistema educativo, que sufre por la falta de medios materiales y personales, la falta de empoderamiento de los directores, la diversidad del alumnado y la facilidad del acceso funcionarial a un oficio que pide más exigencia académica. Por cierto, ¿qué se sabe del acuerdo firmado por el Gobierno y la OCDE, responsable de las pruebas PISA, para revertir los malos resultados de Cataluña? ¿Ya han dado un diagnóstico que sea aplicable? Mientras tanto, los docentes huelguistas han desbordado incluso a sus propios sindicatos. Es una crisis del sector y para el Gobierno, pero, más que eso, es una crisis de país.