El atolladero Rufián
1. En febrero, los premios Goya del cine español se entregaron en Barcelona. En marzo, Cornellà acogió un España-Egipto de fútbol que ha dado la vuelta al mundo por el cántico, masivo, de “Musulmán el que no bote”. En abril, a las puertas de Sant Jordi, AENA se inventa un premio literario a obra publicada con un millón de euros para el ganador. La intención de Maurici Lucena es recoser las letras iberoamericanas a través de un puente aéreo literario, un premio que excluye novelas escritas en catalán, euskera o gallego si no están traducidas al castellano. ¿Seguimos? ¿Qué preparan para el mes de mayo? La agenda de españolización de Cataluña parece cantada y estratégicamente preparada. Es, casi, una planificación de posguerra, hecha con más sutileza y elegancia porque con la cultura y el ocio todo pasa mejor. Después de cercenar el Procés, después de decapitar a sus líderes y una vez tienen a la tropa desmoralizada, enrabietada o resignada, el plan para diluir el independentismo residual es sistemático.
2. Políticamente, ya hace semanas que Gabriel Rufián tiene una idea. Clama por la unidad de las izquierdas, más allá del PSOE, para poder frenar democráticamente lo que parece imparable en las urnas: el advenimiento de la derecha y la extrema-derecha al gobierno de España. La semana pasada, acompañado de la exministra Irene Montero, Rufián presentó en Barcelona aquello que ya había explicado en Madrid. La sala de la Universitat Pompeu Fabra no llegó a llenarse pero, mediáticamente, el acto tuvo cobertura de gran acontecimiento. De dos horas de charla, se destacaron tres titulares. “Sin unidad, nos matarán por separado”. “Hay quien piensa que la extrema derecha se detiene en el Ebro, y no es verdad”. Y “le pido a mi partido que lidere esto. Y si me va el cargo, me voy pa casa”. El diagnóstico parece acertado, el tratamiento que propone, en cambio, ofrece demasiadas dudas y algunas contraindicaciones. Vamos por partes.
3. “Sin unidad, nos matarán por separado”. Que el portavoz de Esquerra en el Congreso sea quien reniegue por la unión que libere España de la ultraderecha chirría. Matrimonio de conveniencia, ¿con quién? ¿Con un Sumar que no suma? ¿Con un Podemos que no puede? Bildu, según las encuestas, subiría un poco. ERC se aguantaría. Esto, claro, si la izquierda abertzale y el independentismo fueran con las siglas propias y mantuvieran la propia identidad. Si se refundieran dentro de una marca española, adiós muy buenas. ¿De la suma de perdedores surgirá una apuesta ganadora? No lo parece.
4. “La ultraderecha no se detiene en el Ebro”. La frase nos avisa que, si ganan el PP y Vox, aquí ya nos podemos dar por fastidiados. Nada que no supiéramos. Rufián, que es el líder político más bien valorado de España según la encuesta publicada ayer por La Vanguardia, insistió en que su propuesta intenta proteger Catalunya. No se le cuestiona la buena fe, pero el punto de partida de esta hipotética coalición ya saldría con un tiro en el ala. No es un proyecto ilusionante para ir a ganar, sino para ir a perder por el mínimo posible. En Catalunya. Y en España. O al revés. El orden de los factores ahora no parece que altere el producto.
5. “Si me va el cargo, me voy a casa”. Rufián quiere que ERC lidere este proceso de unificación de las izquierdas en toda España. Junqueras no está por la labor. ERC, lógicamente, tampoco. Su trayectoria histórica y su pasado reciente no pueden desembocar en esta rufianada que se le puede volver en contra. Recordemos que en 2015 Rufián llegó al Congreso pronosticando que “en 18 meses” dejaría su escaño “para volver a la República Catalana”. Anunció, también, que no había plan B. Once años más tarde, desconcertados y decepcionados, se nos presenta un inesperado plan que ya no sabemos ni qué letra tendría. Que para frenar el auge del fascismo haya que dejar ERC dentro de una macedonia de izquierdas, con demasiada fruta machacada, no tiene ni pies ni cabeza.